ASOCIACION BIBLICA SAN PABLO

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sábado, 15 de febrero de 2014

VI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO


DOMINGO VI DEL T. O.

<Los mandamientos,
expresión de amor y senda de libertad>

El Decálogo es un don divino que manifiesta el amor de Dios

y traza el camino de la libertad, del bien y de la felicidad

Homilía desde la parroquia Santiago Apóstol de Ermua, Diócesis de Bilbao.
Alex Alonso Gilsanz, párroco.

Domingo VI del Tiempo Ordinario
16 de febrero de 2014


Exigencias del amor cristiano
     
Desde el principio el ser humano es libre: ¡qué gran dignidad!, pero ¡qué gran responsabilidad!. Se le abren enseguida dos caminos y puede elegir el rumbo a seguir. No se trata de una elección intranscendente. Se juega en ella la felicidad o la desgracia, la fecundidad o la esterilidad, la vida o la muerte. Pero estos resultados no siempre se ven con claridad, hay posibilidad de engaños. ¡Qué importante es no dejarse engañar! Todo esto es lo que remarca la primera lectura de hoy.
El camino del bien va siempre unido a la voluntad de Dios. Pero el misterio de Dios nos sobrepasa, no está al alcance de la sabiduría humana. Lo dice San Pablo en la segunda lectura. Para conocerlo necesitamos otra sabiduría, la divina, la que nos viene del Espíritu Santo, el que penetra hasta la profundidad de Dios. Esta no la conseguimos con el estudio, sino con la oración.
Y toda la verdad de Dios se nos ha manifestado en Jesucristo. Jesús es la más profunda sabiduría de Dios. El nos hablará de Dios y nos enseñará su realidad y su voluntad. En el Sermón del Monte nos explica una página de lo que Dios nos pide. Es una gran catequesis del Jesús Maestro en el evangelio de este domingo. Se apuntan ya nuevas exigencias y nuevas metas de la Ley. El será nuestra única Ley y nuestro único camino.
Los judíos hablaban con orgullo de la Ley de Moisés. Era el mejor regalo que habían recibido de Dios. En todas las sinagogas la guardaban con veneración dentro de un cofre depositado en un lugar especial. En esa Ley podían encontrar cuanto necesitaban para ser fieles a Dios.
Jesús, sin embargo, no vive centrado en la Ley. No se dedica a estudiarla ni a explicarla a sus discípulos. No se le ve nunca preocupado por observarla de manera escrupulosa. Ciertamente, no pone en marcha una campaña contra la Ley, pero ésta no ocupa ya un lugar central en su corazón.
Jesús busca la voluntad de Dios desde otra experiencia diferente. Le siente a Dios tratando de abrirse camino entre los hombres para construir con ellos un mundo más justo y fraterno. Esto lo cambia todo. La ley no es ya lo decisivo para saber qué espera Dios de nosotros. Lo primero es "buscar el reino de Dios y su justicia".
Los fariseos y letrados se preocupan de observar rigurosamente las leyes, pero descuidan el amor y la justicia. Jesús se esfuerza por introducir en sus seguidores otro talante y otro espíritu: si vuestra justicia no es mejor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de Dios. Hay que superar el legalismo que se contenta con el cumplimiento literal de leyes y normas.
Cuando se busca la voluntad del Padre con la pasión con que la busca Jesús, se va siempre más allá de lo que dicen las leyes. Para caminar hacia ese mundo más humano que Dios quiere para todos, lo importante no es contar con personas observantes de leyes, sino con hombres y mujeres que se parezcan a él.
     Aquel que no mata, cumple la Ley, pero si no arranca, no elimina de su corazón la agresividad hacia su hermano, no se parece a Dios.  Aquel que no comete adulterio, cumple la Ley, pero si desea egoístamente la esposa de su hermano, no se asemeja a Dios.  En estas personas claro que reina la Ley, pero no Dios; son observantes, pero no saben amar; viven correctamente, pero no construirán un mundo más humano. Jesús de Nazaret entiende que se puede ser muy legal sin tener un corazón limpio.
Hemos de escuchar bien las palabras de Jesús: "No he venido a abolir la Ley y los profetas, sino a dar plenitud". No ha venido a echar por tierra el patrimonio legal y religioso del antiguo testamento. Ha venido a dar plenitud, a ensanchar el horizonte del comportamiento humano, a liberar la vida de los peligros del legalismo.
Pienso que nuestro cristianismo será más humano, más acogedor y evangélico cuando aprendamos a vivir las leyes, normas, preceptos y tradiciones como los vivía Jesús: buscando lo mejor de cada persona, buscando ese mundo más justo y fraterno que quiere el Padre.

¡Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes!
Y mis caminos son un camino:
el camino de la verdad, la verdad que es belleza,
la belleza que es bondad, la bondad que es amor,
el amor que es vida...

Verdad, belleza, bondad, amor, vida son un Camino: JESÚS.
Porque "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida" (Jn 14,6)

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