ASOCIACION BIBLICA SAN PABLO

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sábado, 16 de agosto de 2014

TOMANDO POR GUIA EL EVANGELIO

“Tomando por guía el Evangelio”

           

            Las primeras palabras de la Regla de San Benito, en su Prólogo, son ya una invitación a detener el tiempo, tal como lo entiende el mundo, para adentrarnos en una espiritualidad de sello contemplativo: “Escucha, hijo…”, “…inclina el oído de tu corazón”; como quien propone preparar el terreno para una siembra que, en manos de Dios, ha de ser fecundamente fructífera. Y, “Recibe con agrado y cumple la exhortación del padre espiritual”, con lo que el terreno ya preparado por la escucha se abre a la recepción de la semilla de la Palabra en terrones mullidos que anticipan la alegría de la siega.




            Es condición necesaria para la recepción de esa semilla cumplir con lo que nos dice la Escritura: “Ya es hora de despertarnos del sueño” (Rm 13, 11). Es hora de estar atentos y con la escucha receptiva dejar abiertos los ojos, los oídos y el corazón al tiempo de dejarse penetrar por la inefable luz de la Vida. El fruto de la escucha será un diálogo en el que el Padre nos convoca, e incluso nos provoca, a la reconciliación por medio del que es la Palabra; sólo nos pide a cambio voluntad de asumir su regalo abandonándonos en su seguimiento: “Y, buscándose el Señor un obrero entre la multitud a la que lanza su grito de llamamiento, vuelve a decir: “¿Hay alguien que quiera vivir y desee días prósperos?” Si tú, al oírle, le respondes: “Yo”, otra vez te dice Dios: Si quieres gozar de una vida verdadera y perpetua, “guarda tu lengua del mal; tus labios de la falsedad; obra el bien, busca la paz y corre tras ella”.” (R.B. Prol.).

            Aprender a escuchar es el primer y necesario paso para salir al encuentro del Dios que habla, del Dios que salva. Pero también requiere este encuentro de una fe valiente y acrisolada que camina por una senda cuajada de buenas obras “tomando por guía el Evangelio” para que no tengamos que identificarnos con aquel joven rico a quien “Jesús lo miró con amor y le dijo: Sólo te falta una cosa.” (Mc 10, 21).



            Sólo tras desprendernos de las ataduras del mundo seremos capaces de dejarnos interpelar y de dejarnos guiar en su camino, siguiendo sus huellas, sus mandatos (Sal 118, 32). Aquí la Regla de San Benito nos llama a la construcción del edificio que asienta sobre la roca firme de la obediencia a los mandatos y preceptos del Señor diciendo “Vamos a instituir, pues, una escuela del servicio divino.” (R.B. Prol), porque 
“La voluntad del Señor es pura
Y eternamente estable;
Los mandamientos del Señor sor verdaderos
Y enteramente justos” (Sal 18).



La esperanza alimentada en los surcos del terreno que trabajamos con dificultad pero con paciencia, producirá una estabilidad en la construcción de nuestra casa que ni vientos, ni lluvias, ni torrentes podrán sacudirla (Mt 7, 24-25). Ni la cosecha se verá malograda porque el terreno ha sido preparado y hecho fértil a la recepción del Evangelio (Mt 13, 8-9 y 23).
             

Texto y fotografía: Mª del Carmen Feliu Aguilella


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