ASOCIACION BIBLICA SAN PABLO

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lunes, 5 de marzo de 2012

LAICISMO O ACONFESIONALIDAD

LAICISMO O ACONFESIONALIDAD

   

            Corren tiempos en que es notoria la falta de virtud política. Esa clase dominante, la política, usa recursos para fomentar el confusionismo de forma que inducen al severo rechazo de palabras a las que han dado un significado alejado del suyo original: ahí tenemos la palabra laico y sus derivadas laicismo o laicidad. Está claro que no vivimos en una teocracia pero de ahí a despreciar la Historia de quien ha defendido a lo largo de los siglos la confesionalidad católica como uno de sus timbres de honor va un buen trecho. Es más, esa clase política de la que arriba hablábamos traduce libremente el término laico convirtiéndolo en arma arrojadiza, lo laico es prácticamente el nada con Dios, nada que provenga de Dios, el ateísmo estatal.


La acepción laico proviene del vocablo laós que aparece con frecuencia en la versión de los LXX designando al Pueblo de Dios, al conjunto de creyentes, a la comunidad veterotestamentaria de Israel. Esto le confiere un significado eminentemente nacionalista. En su origen, sin embargo, la palabra laós se refería a una muchedumbre sin que se supusiera lazos de unión u objetivos comunes.

Después de que en la versión de los LXX tome el significado de Pueblo de Dios, que ya implica una pertenencia, un compromiso, en el Nuevo Testamento Lucas reutiliza el sentido anterior de turba o muchedumbre. Pero la mayor parte de autores neotestamentarios, siguiendo las líneas de los LXX, utilizan el vocablo laós para definir al nuevo Pueblo de Dios en el que ahora también caben los gentiles, con lo que se rompe el sentido nacionalista y exclusivista que Israel le daba. Laós será en adelante la comunidad formada por los que han creído que en Cristo se realiza la Alianza y la salvación de Dios independientemente de su raza: la Iglesia, el definitivo Pueblo de Dios. Aquí acudiremos a las palabras de nuestros profesores:

"Las palabras de Santiago en el primer Concilio de Jerusalén debieron sonar casi a herejía en oídos judíos: «Dios ha decidido procurarse entre los gentiles un pueblo —¡laós!— para gloria de su nombre» (Hech 15, 14). Hasta aquí pueblo (laós) y naciones (ethne) eran entidades opuestas, hasta el punto de excluirse mutuamente. Ahora de las naciones se constituye el pueblo de Dios.

La comunidad de creyentes en Cristo recaba, pues, para sí los derechos de auténtico pueblo de Dios y como tal se le aplican los títulos, atributos y funciones del viejo pueblo de Israel. Ella es la verdadera estirpe de Abraham (Gal 3, 29; Rom 9, 7s); ella es «el pueblo de su propiedad» (Tit 2, 14); ella es la «raza elegida, el sacerdocio real, la nación consagrada, el pueblo destinado a cantar las hazañas del Dios que la llamó de las tinieblas a su luz maravillosa» (1 Pe 2, 9); ella recibe sobre todo el apelativo mismo —en su sentido profundo y definitivo— de PUEBLO DE DIOS (1 Pe 2, 10; cfr. Rom 9, 25-26; Ap 18, 4; 21, 3), o como dice S. Pablo con una expresión equivalente, ella es el Israel de Dios (Gal 6, 16)." ("El misterio del Pueblo de Dios", Miguel Salvador García)

Ma del Carmen Feliu Aguilella

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