ASOCIACION BIBLICA SAN PABLO

ASOCIACION BIBLICA SAN PABLO
Mostrando entradas con la etiqueta Fe. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fe. Mostrar todas las entradas

sábado, 3 de septiembre de 2016

MUJERES DE LA BIBLIA: LA HEMORROISA

MUJERES DE LA BIBLIA 16: LA HEMORROISA




Los tres sinópticos cuentan la historia de esta mujer, “con flujo de sangre desde hacía doce años” (Mt 9, 18-22). Y los tres relatan en el mismo cuadro de intervención, cuando Jesús va a resucitar a la hija de Jairo. Este contexto narrativo resulta bastante impresionante. Jesús sana a dos mujeres casi de un golpe; restaura sus funciones vitales. A una de ellas, la hija de Jairo, le devuelve todas las energías básicas. A la otra, la hemorroisa, la mujer sin nombre, le concede la normalización de su ciclo menstrual, una función fisiológica importante para las mujeres.

         “Y una mujer enferma con una hemorragia desde hace doce años, que había sufrido mucho con varios médicos y gastado toda su hacienda sin obtener ninguna mejoría, antes había empeorado, habiendo oído hablar de Jesús, llegóse ante él por entre la multitud y le tocó el manto, pues ella se había dicho a sí misma: Si yo logro tocar, aunque sólo sea sus vestidos quedaré curada”.

         En efecto, al instante la fuente por la que perdía su sangre se secó y sintió en su cuerpo que estaba curada de su enfermedad. En seguida, Jesús, al sentir en sí mismo la virtud que de Él había salido, volviéndose a la multitud, dijo: ¿Quién me ha tocado? Sus discípulos le contestaron: Ves que la multitud te oprime, ¿y dices que quién te ha tocado? Y miraba alrededor para ver a la que lo había hecho. Entonces, la mujer, que sabía lo que había ocurrido en ella, se acercó asustada y temblorosa, se postró ante Jesús y le dijo toda la verdad. Él le dijo a la mujer: Hija, tu fe te ha curado, vete en paz y queda curada de tu enfermedad” (Mc 5, 25-34).

         Este relato evangélico nos muestra una vez más, la función que la fe desempeña en las acciones salvadoras de Jesús. En el caso de esta mujer es de subrayar que Jesús atiende sobre todo a la sinceridad y a la fe que demuestra la mujer al superar los obstáculos para llegar a Él.

         Esta figura de la hemorroisa presenta según muchos Padres (S. Ambrosio, S. Agustín, S. Beda y otros) que la iglesia de los gentiles, a diferencia de los judíos, se acercó al Señor con fe y fue sanada. Representa también a toda alma que se arrepiente de sus pecados y se encuentra en una situación en la cual se mezclan el dolor por su vida pasada, la reverencia hacia Dios y la firme esperanza en su ayuda.


         Por tanto, si nosotros queremos ser también curados, toquemos con nuestra fe el borde del vestido de Cristo.

Por Francisco Pellicer Valero

sábado, 18 de junio de 2016

COMO Y CUANDO NACIO LA FE

     COMO Y CUANDO NACIO LA FE


No me refiero a la fe personal, a ese momento en que uno puede empezar a creer, momento en el que la fe empieza a crecer en él. Me refiero a la fe histórica. ¿Es que la FE empezó a existir en un momento determinado? ¿La FE no es de siempre?

         La historia de la FE comienza con una emigración. La emigración de Teraj, de su hijo Abraham, de su nieto Lot y resto de la familia. Debió producirse hacia el año 2000 a. C., una época en que Sumeria estaba en plena decadencia.

         “Teraj tomó a su hijo Abraham, a su nieto Lot, el hijo de Haran y a su nuera Saray la mujer de su hijo Abraham, y salieron juntos de Ur, para dirigirse a Canaan. Llegados a Jaran, se establecieron allí” (Gen 11, 31).

         Ur era en esa época, y desde hacía algo así como un siglo, la capital de Sumeria. Las casas se hacían entonces en Ur, de ladrillo. Un gran progreso. Y se ha descubierto una pirámide de ladrillo verdaderamente enorme: 90 m. de largo por 60 de ancho, y una altura que entonces debía de ser de 40 m. Podía ser lo que queda de la torre de Babel.

         La historia de Sumeria es una larguísima historia de invasiones. Una de ellas fue la de los gúteos que destruyeron el admirable sistema de de canalizaciones para el riego. Con los Acadios sufrieron la invasión de una lengua polisilábica (la de Sumeria era monosilábica), de las que pertenecen a las lenguas semíticas. Pero la última invasión fue justamente en tiempos de Teraj. Fueron los elamitas. Sencillamente acabaron con esa civilización, de la que no quedó siquiera la lengua. Resulta que Sumeria ya no volvería más a ser Sumeria. La civilización sumeria de 2.550 años a. C. era la más evolucionada del mundo, con obras como la epopeya de Gilgamesh. Su curioso sistema de escritura es el llamado cuneiforme. La escritura era la ideográfica inventada por ellos. Los historiadores llaman historia con H mayúscula al período que comienza con la invención del a escritura. Todo lo anterior es prehistoria. Pero el florecimiento de Sumeria tuvo lugar antes, entre 4000 y 2400 a. C. Esta gente salió de la prehistoria e inventó la astronomía, las matemáticas, el calendario (dicen que con sus 12 meses, día de 24 horas y hora de 60 minutos), el sistema de pesas y medidas, el sistema postal, la irrigación artificial, y la rueda (es decir, arrastre sobre rodillos).

         Abraham se sitúa alrededor de 2000 a. C. Desde él arranca nuestra fe. “Por la fe respondió Abraham, al llamamiento de salir para la tierra que iba a recibir en herencia, y salió sin saber a dónde iba” (Heb 11, 8). “Hemos quedado en que la fe de Abraham le valió la rehabilitación” (Rom 4, 9) “Porque la promesa hecha a Abraham y a su descendencia… no suponía la observancia de la Ley, sino la rehabilitación obtenida por la fe”. (Rom 4, 13). “Que él es nuestro padre común lo dice la Escritura: te he destinado a ser padre de muchos pueblos” (Rom 4, 17) Quién era Abraham, lo sabían muy bien los judíos del tiempo de Jesús y lo manifestaron en aquel diálogo con Él:
         “… haced pues también vosotros lo que oísteis de parte del Padre.
         Le replicaron: - Nuestro padre es Abraham.
         Jesús les contestó: -Si fuerais hijos de Abraham os portaríais como él” (Jn 8, 38-40).


         Nuestra fe que empezó con una emigración, por culpa de una invasión, tiene probablemente fecha de caducidad también, según se puede entender del texto del Evangelio de domingo XXIX Ordinario, ciclo C: “Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?” (Lc 18, 8).

Por Angel Aguirre Alvarez

domingo, 19 de mayo de 2013

LA FE DE LA CANANEA


“La fe de la cananea”


Habíamos leído en Is 49, 6 una de las más significativas declaraciones de la universalidad de la salvación:

"Poco es que seas mi siervo, en orden a levantar las tribus de Jacob, y de hacer volver los preservados de Israel.

Te voy a poner por luz de las gentes, para que mi salvación alcance hasta los confines de la tierra."

En el Evangelio de Mateo, cuando el Señor abandona el ámbito de Israel y se dirige a la región de Tiro y Sidón se produce un episodio realmente asombroso. Casi nos da un vuelco el corazón con la respuesta a la cananea: "No he sido enviado mas que a las ovejas perdidas de la casa de Israel" (Mt 15, 24) pero no es un latigazo nacionalista sino una prueba de fe, una muestra de que la fe incondicional le ha otorgado el derecho a la salvación, pues como Buen Pastor asegura: "También tengo otras ovejas, que no son de este redil; también a esas las tengo que conducir y escucharán mi voz; y habrá un solo rebaño, un solo pastor" (Jn 10, 16).

La displicencia de Jesús es un acicate para la mujer, que insiste, que no se desanima aun cuando el Señor ni siquiera vuelve su rostro para mirarla después de que ella hace un reconocimiento explícito de Su divinidad al apelar a El con un título netamente mesiánico. El Señor dilata la atención, provoca la insistencia de la mujer, que es un ejemplo de paciencia y de perseverancia, para con ello dar una lección: el que persevera firme en la fe todo lo puede.

Acostumbramos a pensar que Dios está a nuestro servicio y que ha de atender con inmediatez a nuestras peticiones, a nuestras necesidades. Cuan difícil nos resulta el silencio de Dios, qué pesada se nos hace esa aparente indiferencia, cuando lo que realmente entraña es una pedagogía acerca de cómo y qué pedimos cuando nos dirigimos al Padre, cuando pedimos a Cristo.

Y esta mujer, esta gentil, se aferra a su.solicitud no porque se crea digna de recibir la merced necesitada: "«Sí, Señor - repuso ella -, pero también los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.» Entonces Jesús le respondió: «Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas.» Y desde aquel momento quedó curada su hija." (Mt 15, 27-28)

Tan grande es su fe que ni solicita la curación a sabiendas de que el Señor la concederá: esa su fe la manifiesta vehementemente y la pone al descubierto al gritar: «¡Ten piedad de mí, Señor, hijo de David!».




Mª del Carmen Feliu Aguilella

sábado, 6 de abril de 2013

LA FE HUMANA INTERPERSONAL Y LA CREDIBILIDAD DEL ACTO DE FE CRISTIANO (2)


LA FE HUMANA INTERPERSONAL Y LA CREDIBILIDAD DEL ACTO DE FE CRISTIANO (2) 



    Por Erreuve

5.-La decisión

a)       La decisión de creer reviste la forma de “yo creo en tí”;

b)       Pero debe haber algún medio para asegurar en lo posible la confianza en el otro, es decir, tiene que aparecer ante mí su CREDIBILIDAD.

c)       En otras palabras: aquel en quien creo, debo conocer a aquel a quien otorgo mi fe, DEBE  LEGITIMARSE.

d)       J. H. Newman, en su obra El asentimiento religioso” habla de la credibilidad previa al acto de fe  como una ARGUMENTACIÓN CONVERGENTE, a base de CONJUNTAR diversas experiencias, hechos y observaciones particulares y concretas. Y pone algunos casos de la realidad = creemos en la fidelidad de nuestro amigo, esposo-esposa; creemos a nuestro médico sobre nuestra salud; o que nuestra memoria no nos engaña cuando repasamos lo que hicimos ayer.

Todo este conjunto de razones, una por una, no son más que probabilidades, pero su convergencia basta para crear una CERTEZA RACIONAL sobre nuestra creencia.

e)       De la convergencia de probabilidades pasamos a la certeza en virtud de lo que Newman llama sentido ilativo, que sería la posibilidad que tiene el ser humano de poder juzgar acerca de la verdad o del error en situaciones singulares y concretas.

f)        Y dice que el sentido ilativo consiste en la capacidad de penetrar con rectitud intuitiva en los principios, doctrinas y hechos –falsos o verdaderos- y para DISCERNIR con presteza que conclusiones son necesarias, convenientes o expedientes si aquéllas se dan por supuestas.

Esto puede obrarse, bien por un don natural, bien como efecto de un largo hábito de acomodación a las diversas circunstancias.

La base de ello es algo así como la armonización de una serie de factores que, aislados uno por uno, no concluyen nada pero que relacionados –como en el caso de dos enamorados- producen una seguridad.

Newman aclara esta idea con el símil del cable compuesto de hilos diversos cada uno de los cuáles, por sí mismo, es débil, más todos juntos son tan fuertes como una barra de hierro.

g)       A señalar que el “salto de la fe”, en las relaciones humanas, como en las cuestiones religiosas, no puede ser consecuencia de una demostración científica ni matemática.

·         Ello no implica que no tenga una racionalidad propia y que su certeza no sea menos consistente.

·         El sentido ilativo  capta la credibilidad de la persona que tiene ante sí o la consistencia de la verdad religiosa.

·         Por eso se puede prestar un asentimiento racional a la revelación personal del otro o a las verdades religiosas, puesto que se puede tener un número suficientes de probabilidades convergentes a favor de la creencia.

Newman lo dice así, resumiendo el argumento: de igual modo que en matemáticas estamos justificados por el dictamen de la naturaleza, así, en virtud de un dictamen semejante, no estamos justificados en el caso de un raciocinio sobre cosas concretas, y especialmente en el caso de una investigación religiosa, a esperar a que tengamos una demostración lógica, sino que, al contrario estamos obligados en conciencia a buscar la verdad y a procurarnos la certeza por métodos de prueba que al ser reducidos a proposiciones formales no llegan a cumplir los requisitos estrictos de la ciencia.”

h)       En cualquier caso, el acto de fe sigue siendo un SALTO dado desde la libertad.

·         Esto significa, a mi modo de ver, que la credibilidad depende siempre de una decisión personal. Que nadie puede obligarnos a admitir ningún argumento para aceptar a una persona o una creencia sobrenatural.

·         Nadie cree si no quiere creer.

·         La aceptación de otro como tú personal es algo que depende siempre de la DECISIÓN libre del creyente.

6.-Finalmente, algo fundamental: desde la fe en la persona surge sin más LA FE EN SU MENSAJE: el “creo en ti” se convierte en “yo te creo”, ”acepto tu palabra” y, “porque creo en ti”, “sé que eres veraz”.


lunes, 21 de enero de 2013

LA FE HUMANA INTERPERSONAL Y LA CREDIBILIDAD DEL ACTO DE FE (2)


LA FE HUMANA INTERPERSONAL Y LA CREDIBILIDAD DEL ACTO DE FE



CRISTIANO


Por Erreuve


La fe sólo se puede dar desde la libertad.(2)

5.- La decisión


a)       La decisión de creer reviste la forma de "yo creo en tí";

b)       Pero debe haber algún medio para asegurar en lo posible la confianza en el otro, es decir, tiene que aparecer ante mi su CREDIBILIDAD.

c)        En otras palabras: aquel en quien creo, debo conocer a aquel a quien otorgo mi fe, DEBE LEGITIMARSE.

d)       J. H. Newman, en su obra El asentimiento religioso" habla de la credibilidad previa al acto de fe como una ARGUMENTACIÓN CONVERGENTE, a base de CONJUNTAR diversas experiencias, hechos y observaciones particulares y concretas. Y pone algunos casos de la realidad = creemos en la fidelidad de nuestro amigo, esposo-esposa; creemos a nuestro médico sobre nuestra salud; o que nuestra memoria no nos engaña cuando repasamos lo que hicimos ayer.

Todo este conjunto de razones, una por una, no son más que probabilidades, pero su convergencia basta para crear una CERTEZA RACIONAL sobre nuestra creencia.

e)       De la convergencia de probabilidades pasamos a la certeza en virtud de lo que Newman llama sentido ilativo, que sería la posibilidad que tiene el ser humano de poder juzgar acerca de la verdad o del error en situaciones singulares y concretas.

f)         Y dice que el sentido ilativo consiste en la capacidad de penetrar con rectitud intuitiva en los principios, doctrinas y hechos -falsos o verdaderos- y para DISCERNIR con presteza qué conclusiones son necesarias, convenientes o expedientes si aquéllas se dan por supuestas.

Esto puede obrarse, bien por un don natural, bien como efecto de un largo hábito de acomodación a las diversas circunstancias.

La base de ello es algo así como la armonización de una serie de factores que, aislados uno por uno, no concluyen nada pero que relacionados -como en el caso de dos enamorados- producen una seguridad.

Newman aclara esta idea con el símil del cable compuesto de hilos diversos cada uno de los cuáles, por sí mismo, es débil, más todos juntos son tan fuertes como una barra de hierro.

g)       A señalar que el "salto de la fe", en las relaciones humanas, como en las cuestiones religiosas, no puede ser consecuencia de una demostración científica ni matemática.


•          Ello no implica que no tenga una racionalidad propia y que su certeza no sea menos consistente.

•          El sentido ilativo capta la credibilidad de la persona que tiene ante sí o la consistencia de la verdad religiosa.

•          Por eso se puede prestar un asentimiento racional a la revelación personal del otro o a las verdades religiosas, puesto que se puede tener un número suficientes de probabilidades convergentes a favor de la creencia.

Newman lo dice así, resumiendo el argumento: de igual modo que en matemáticas estamos justificados por el dictamen de la naturaleza, así, en virtud de un dictamen semejante, no estamos justificados en el caso de un raciocinio sobre cosas concretas, y especialmente en el caso de una investigación religiosa, a esperar a que tengamos una demostración lógica, sino que, al contrario estamos obligados en conciencia a buscar la verdad y a procurarnos la certeza por métodos de prueba que al ser reducidos a proposiciones formales no llegan a cumplir los requisitos estrictos de la ciencia."

h)       En cualquier caso, el acto de fe sigue siendo un SALTO dado desde la libertad.

•          Esto significa, a mi modo de ver, que la credibilidad depende siempre de una decisión personal. Que nadie puede obligarnos a admitir ningún argumento para aceptar a una persona o una creencia sobrenatural.

•          Nadie cree si no quiere creer.

•          La aceptación de otro como tú personal es algo que depende siempre de la DECISIÓN libre del creyente.

6.- Finalmente, algo fundamental: desde la fe en la persona surge sin más LA FE EN SU MENSAJE.

•          La expresión "creo en ti" se transforma en "yo te creo".

•          La confianza en una persona se convierte ahora en la aceptación de su palabra.

•          Acepto las cosas que tú me has dicho, porque creo en ti y sé que eres veraz.

•          La fe, por tanto, nos permite conocer verdades que por sí mismas nos serían vedadas de otra forma. La intimidad de una persona es un misterio inaccesible, a no ser que haya una revelación personal, aceptada por la fe.

domingo, 9 de diciembre de 2012

LA FE HUMANA INTERPERSONAL Y LA CREDIBILIDAD DEL ACTO DE FE CRISTIANO (1)


LA FE HUMANA INTERPERSONAL Y LA CREDIBILIDAD DEL ACTO DE FE CRISTIANO (1)

Por Erreuve

La fe sólo se puede dar desde la libertad.

1.             Previamente a la respuesta o explicación, hay que reflexionar sobre los actos de la fe humana que continuamente realizamos en la vida ordinaria.


•          Creemos a nuestros padres;

•          Nos fiamos de un amigo;

•          Desconfiamos de otra persona y de lo que nos dice;

•          Los enamorados confían el uno en el otro y creen en su sinceridad al declarar su amor;

2.       O sea, toda nuestra vida está entretejida de actos de fe y confianza, y de actos de desconfianza.

3.       Las relaciones entre seres humanos se rigen por un tipo de conocimiento distinto del científico o del filosófico.

•          Es en la relación yo-tu donde surge el fondo íntimo de la persona.

•          El ser amado me da su realidad personal y yo le acojo en su singularidad por la confianza y el amor.

•          A este tipo de conocimiento lo podemos llamar confianza, o mejor FE: la fe humana

interpersonal, por la que yo recibo la confianza de un tú y le CREO, aceptándolo en la revelación de su intimidad.

•      Simplificando y resumiendo mucho, esa fe humana interpersonal es fruto de una serie de

factores:

>        Aproximaciones;

>        Procesos de aquilatamiento y valoración de esos acercamientos y manifestaciones personales;

>        La base de la confianza puede hacer que uno se abra, y de la que es ejemplo el niño que se inicia con la confianza en los padres, la va ampliando a los hermanos y parientes, se abre a las relaciones con extraños, en el colegio, barrio o trabajo y, paralelamente se van produciendo recíprocos aquilatamientos de las intenciones y lealtad del otro, sea familiar o extraño.

>        Todo este proceso paulatino crea también un aprendizaje en los criterios de formar juicio sobre las manifestaciones, intenciones y lealtades de nuestros sucesivos interlocutores y, asimismo, un crecimiento paulatino de los círculos de amistad o intimidad, de suerte que acabamos por entregarnos a aquellos en quienes CONFIAMOS y mantenemos simplemente trato correcto o de urbanidad con aquellos que no aceptamos en nuestra intimidad.

>        Otra observación fundamental: el adulto imprescindiblemente ha de confiar en alguien con un doble criterio: creerá las afirmaciones de un pensador o de un líder político, PERO la fe humana interpersonal sólo la desarrollará ante la persona que ha merecido su plena confianza como amigo, prometido o esposo-esposa.

4.       La relación personal entre dos seres humanos es, pues, el encuentro de mí mismo contigo mismo.


•          Esa relación se produce principal e inicialmente con el lenguaje, la palabra.

•          A través de ésta, se nos revela la interioridad del otro, un tú con sus anhelos y esperanzas, tristezas y alegrías, aspiraciones y fracasos, que configuran una PERSONA, un tú singular cada día más.

•          También interviene en el proceso el riesgo de ser engañado y el correspondiente aquilatamiento mental y existencial.

•          Fundamental: en la amistad o en el amor conyugal, el testimonio de la interioridad del otro es una donación que me hace a mí.

•          Y me comunica, sobre todo, lo QUE ES. Lo cual, marca una diferencia abismal con la declaración de un inculpado en un juicio o de un testigo.

(continuará).