ASOCIACION BIBLICA SAN PABLO

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domingo, 11 de marzo de 2012

LOS SIETE DOMINGOS DE SAN JOSÉ

        SÉPTIMO DOMINGO


El patrocinio de san José. Sobre este tema, la Iglesia siempre ha enseñado y declarado que los santos del cielo ofrecen por todos nosotros los méritos que alcanzaron en la Tierra. Santo Tomás señala curiosamente que esa mediación no obedece a imperfección divina sino a que los santos son los más cercanos a Dios, pudiendo pedir en virtud de los méritos que alcanzaron en vida y que duran para siempre, porque están en estado de merecer para otros en razón de sus méritos anteriores.

Santa Teresa de Jesús, en el libro de su Vida, dice de San José: "A este glorioso santo tengo experiencia que socorre en todas las necesidades y que el Señor quiere darnos a entender que así como fue sujeto en la tierra -que como tenía nombre de padre siendo ayo, la podía mandar- ansí en el Cielo hace cuanto le pide."

Varios papas se han referido al Santo Patriarca: Pío IX -ese Papa casi mártir que sufrió la guerra de Víctor Manuel II- publicó un Decreto y una Carta Apostólica sobre el santo. León XIII, le dedicó la Encíclica "Quamquam pluris"; también lo ensalzan San Pío X, León XIII, Benedicto XV, Pío XI, Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo II (con la Exhortación apostólica "Redemptoris custos").

Pablo VI, en su Homilía de 19-III-1966, afirma: "De igual modo que la lámpara doméstica difunde una luz familiar y tranquila... conforta del tedio del silencio y del temor a la soledad...la figura de San José difunde sus rayos en la Casa de Dios que es la Iglesia, la llena de humanísimos e inefables recuerdos..., y la ilumina con el incomparable ejemplo que caracteriza al santo más afortunado de todos por su comunión de vida con Cristo y María...

Pío IX, en su Decreto Quemadrnodum Deus, sostiene que el patrocinio de San José sobre la Iglesia es la prolongación del que él ejerció sobre Jesucristo, Cabeza de la misma, y sobre María, Madre de la Iglesia. Por esta razón fue declarado Patrono Universal de la Iglesia.

Juan Pablo II en su Exhortación Apostólica "Redemptoris custos", sostiene que conviene que "...como en otro tiempo cuidó santamente de la Familia de Nazaret en todas sus necesidades, así ahora defienda y proteja con celestial patrocinio a la Iglesia de Cristo".

Y de nuevo Santa Teresa, en su "Vida" invita a la devoción del santo con estas palabas: "Si fuera persona que tuviera autoridad de escribir, de buena gana me alargara en decir muy por menudo las mercedes que ha hecho este glorioso santo a mí y a otras personas."

Juan Pablo II, de nuevo en su "Redemptoris custos: "Sigamos el ejemplo de las almas más sensibles a los impulsos del amor divino, las cuales ven con razón en José un luminoso ejemplo de vida interior.

Concluyamos con esta hermosa oración de ese dulce papa Juan XXIII: "Sé siempre, San José, nuestro protector. Que tu espíritu interior de paz, de silencio, de trabajo y oración, al servicio de la Santa Iglesia, nos vivifique y alegre, en unión con tu Esposa, nuestra dulcísima Madre inmaculada, en el solidísimo y suave amor a Jesús, nuestro Señor".


Por Francisco Pellicer Valero





viernes, 10 de febrero de 2012

LOS SIETE DOMINGOS DE SAN JOSE

 

        SEXTO DOMINGO
MUERTE Y GLORIFICACIÓN DE SAN JOSÉ


              La Liturgia de las Horas contempla la hora postrera del Patriarca, asistido por el propio Jesús y por su Madre María.

El Evangelio nos recuerda cómo José había sido el sostén de María y Jesús y les procuró lo necesario con su trabajo diario, siendo ejemplo de una clara fidelidad.

En cuanto al momento en que murió San José, nada se sabe de cierto ni exacto, por lo que cabe hacer algunos análisis y precisiones.

              La última vez que San José aparece en los Evangelios es cuando Jesús tenía doce años, con motivo de su viaje familiar a Jerusalén y en el que, perdido Jesús, es encontrado a los dos días felizmente discutiendo con los doctores de la Ley.

             Parece cierto que la muerte debió acaecer antes de la vida pública de Jesús. En Me 6, 3, se contiene una pregunta orientativa: "¿Pero no es este el hijo de María"?. Los expertos están unánimes en que no se aludía a las madres sino cuando el padre ya había fallecido.

              No se nombra a José cuando la Virgen es invitada en Cana de Galilea. La frase "el hijo del carpintero" aplicada a Jesús parece asimismo sugerir el fallecimiento de José.

José no aparece en el momento de la muerte de Jesús; y María es confiada por Jesús a Juan, su discípulo predilecto.

De todo ello los autores resultan conformes en que la muerte de San José se remonta a poco antes del comienzo del ministerio público de Jesús.

En cuanto a la muerte en sí misma de San José hay unanimidad en cuanto a lo pacífica de la misma:Asistencia cariñosa y tierna hacia el que se quiere de verdad; que fue asistido por la piedad filial del que lloró la muerte de Lázaro...; que parece lógico que a San José se le haya proclamado el "Patrono de la buena muerte", pues ésta le alcanzó al lado mismo y asido de las manos de Jesús y María.

Recordamos que en la capilla del Convento-Colegio de San José de la Montaña, de nuestra ciudad, existe una pintura en uno de los laterales del altar, que recoge con singular dignidad esa muerte dulce del Patriarca.

También se han suscitado lo que podríamos llamar opiniones sobre la suerte de su alma. Algunos autores, afirmando que el alma de San José habría ido al seno de Abraham; y otros que, tomando por base el texto de Mt 27, 52, sostienen u opinan que, entre los resucitados aludidos en esa cita, se hallaría San José con lo que el glorioso patriarca estaría ya en el Cielo en cuerpo y alma.

Acabaremos con una cita de San Bernardino de Siena que decía: "Piadosamente se puede admitir pero no asegurar que el piadosísimo Hijo de Dios, Jesús, honrase con igual privilegio que a su Santísima Madre a su padre nutricio... para que, como aquella Santa Familia vivió junta en laboriosa vida y en gracia amorosa, así ahora en la gloria feliz reine con el cuerpo y alma en los Cielos".

Por Francisco Pellicer Valero



domingo, 1 de enero de 2012

LOS SIETE DOMINGOS DE SAN JOSE



QUINTO DOMINGO


Hasta aquí hemos asistido a un conjunto de avatares de la Sagrada Familia.



En este quinto domingo contemplamos cómo los gozos y los dolores se alternan en ella y, de modo especial, en el glorioso patriarca San José y en María, creándose un clima de tensiones y de incertidumbres en torno a Jesús como el trasunto de la inquietante realidad de la vida misma.



Primero y a partir de la instalación de la Sagrada Familia en Belén y cuando parece que el sosiego ya se ha alcanzado para ellos, nuevamente el ángel en medio de un sueño y con un mensaje apremiante: "Levántate, toma la niño y a su madre, huye a Egipto y estáte allí hasta que yo te diga, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo" (Mt 2, 13).


Apenas los magos han marchado de nuevo tras la estrella, cuando la alegría de su adoración y de sus presentes se diluye en un aviso grave y cierto de peligro de muerte. Y hay que abandonar el hogar precario y lanzarse en la alborada a la inquietud del camino, no a cualquier cercanía sino al lejano Egipto. Y de nuevo el claroscuro de la vida cae sobre la familia divina con el contraste ambivalente que, a veces, imprime a la vida humana.



De nuevo la Sagrada Familia en camino: llevarán lo indispensable porque el pobre poco necesita para todo y esa misma pobreza servirá a José para pasar desapercibido. La humildad de José y su espíritu de obediencia le llevan a cumplir el mandato del Señor. Antes quizá del amanecer los esposos y el infante salen hacia el sur mientras, a sus espaldas, los sicarios de Herodes procedían al exterminio de los niños inocentes de Belén.



La Sagrada Familia permanece, pues, en Egipto hasta la muerte de Herodes. Y de nuevo el ángel del Señor: "Muerto Herodes, un ángel del Señor se apareció en sueños a José en Egipto 7 le dijo: "Levántate, toma al niño y a su madre y vete a tierra de Israel; pues han muerto los que atentaban contra la vida del niño" (Mt 2, 19).



José, fiel en todo a los dictados del Señor, cumple sus órdenes con prontitud. Mt 2, 27 nos informa: "... oyendo que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre Herodes, temió ir allá" (Mt 2, 22); y José se retira a Galilea recalando en Nazaret. Allí se adaptaron y vivieron en paz.


Finalmente, este quinto domingo nos trae a meditación un último dolor y gozo: el del Niño perdido y hallado en el Templo. Al cumplir Jesús los doce años (Le 2, 42) subieron con él sus padres a Jerusalén para dar cumplimiento al precepto legal. Es al regreso cuando por la forma heterogénea de agrupación notan la falta del niño. La siguiente jornada la pasan buscándolo sin hallarlo. Luego, un día de camino de regreso a la gran ciudad y al Templo, en medio de la angustia; las preguntas por las calles de la ciudad, las miradas en todas direcciones, las explicaciones, las caminatas y las vueltas infructuosas por las calles ya antes recorridas y las preguntas infatigables al borde de la desesperación. A veces Dios calla en nuestra vida, dándonos la sensación de haberlo perdido.



Al tercer día de suplicio encontraron a Jesús

Las escena nos trae a la mente la meditación sobre el gozo del encuentro. Y como casi todos nosotros hemos vivido situaciones similares comprenderemos las angustias asfixiantes de María y José y la embriagadora y casi insoportable alegría del encuentro.

Por Francisco Pellicer Valero

viernes, 18 de noviembre de 2011

LOS SIETE DOMINGOS DE SAN JOSE


CUARTO DOMINGO





Es significativo que la vida de San José fue una plena alternativa entre dolores y gozos. Quizá una alternancia ejemplar para nosotros, llena además de un profundo sentido consolador.


Mateo nos cuenta el primer dolor y gozo de José en este cuarto domingo, lleno además de un profundo sentido consolador.

Así el primer dolor de San José nos lo cuenta Mateo (1, 18): "Estando desposada su Madre, María, con José, antes de que conviviesen, se encontró que había concebido en su seno por obra del Espíritu Santo" (Mt 1, 18). Y el mismo evangelista nos cuenta la sorpresa y perplejidad de José ante esa concepción de su esposa cuya virtud conocía José sobradamente. También el evangelista nos cuenta la integridad excepcional de José que, ante esa noticia singular y siendo hombre de excepcional nobleza y santidad y sintiéndose obligado a obrar bajo la ley de Dios, resolvió en su corazón dejarla privadamente y evitarle la infamia pública. Eso sí, asumiendo el dolor y la perplejidad derivados de la noticia.


Y he aquí que Dios, contemplando esa generosidad heroica interviene de nuevo y le manda un ángel en sueños, que le revela a José sus designios: "José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, pues lo que en ella ha sido concebido es obra del Espíritu Santo." (Mt 1, 20) Y la paz y la luz volvieron al alma del justo José y todas sus dudas desaparecieron, y se convirtió en un hombre distinto, como señala San Pablo a los efesios: "se convirtió en depositario del misterio escondido desde siglos en Dios" (Ef 3,9).


Aquí un mensaje para cualquiera de nosotros: nos ayuda a comprender que vale la pena servir a Dios a pesar de las dificultades, dolores y pruebas.


Lucas evangelista también alterna con Mateo y aporta aquí su grano de arena: "Cuando se cumplieron los ocho días para la circuncidarle, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de que fuera concebido en el seno materno" (Le 2, 1). Con la circuncisión se le imponía el nombre.

Y    de nuevo volvemos a las palabras del ángel en Mt 1, 21: "Le pondrás por nombre Jesús, porque El salvará a su pueblo de sus pecados".

Y    José de nuevo oscila entre el dolor que aquella ceremonia causaba en el divino Hijo y el gozo de saber que aquel Niño derramaría hasta la última gota de sangre para llevar a cabo la salvación de todos los humanos que creyeron en El.

Cumple finalmente, en este cuarto domingo recordar la presentación de Jesús en el Templo, como señala Le 2, 22: "Cumplidos los días de su purificación según la Ley de Moisés, lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor". Y asimismo su encuentro con el anciano Simeón y las palabras de éste a su divina Madre, tras bendecirlos: "Puesto está para caída y levantamiento de muchos en Israel y para signo de contradicción; y una espada atravesará tu alma para que se descubran los pensamientos de muchos corazones". Simeón le descubre aquí la mala acogida que su Hijo tendrá en Israel y el dolor que por esto ella habrá de sufrir.

Y    asimismo José está asociado a ese dolor, en la medida en que a un padre le es posible estar asociado en la vida de su hijo, y aquel día José intuyó el dolor del Hijo y de su esposa, y los asumió como suyos.

Por Francisco Pellicer Valero




domingo, 23 de octubre de 2011

LOS SIETE DOMINGOS DE SAN JOSÉ




TERCER DOMINGO

 




         Todos los santos suelen conocerse porque tienen una cualidad característica. Así, la austeridad y milagros en S. Vicente Ferrer; la pobreza en S. Francisco de Asís, o la coherencia e integridad asombrosas de Tomás Moro, que le llevó al martirio sin retroceder ante nada y que -cosa admirable, al tomar conciencia del honor de Dios del que se sintió custodio al ser nombrado obispo de Canterbury por un capricho del rey- cambió una vida cómoda y pecadora por una actitud de responsabilidad y de coherencia que le llevó a aceptar el martirio por ese honor de Dios a manos de los sicarios del rey de Inglaterra.
Dios providente quiso que Jesús naciera en el seno de una familia verdadera. San José fue, no un protector de María, sino su esposo. Procede que recordemos cómo los judíos, en el matrimonio, distinguían dos actos esenciales: los esponsales y las nupcias. Los primeros ya constituían un verdadero matrimonio, que la costumnare fijaba con el plazo de un año. Fue en ese intervalo cuando la Virgen recibió la visita del Ángel y Jesús se encarnó en su seno; a San José le fue revelado en sueños el misterio obrado y se le pidió que aceptara a María como esposa en su casa. "Despertado José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer" (Mt 1, 24). Y la tomó junto con el Hijo, demostrando su disponibilidad voluntaria en orden a lo que Dios le pedía por conducto de su mensajero, colmo señala Juan Pablo II en su Exhortación Apostólica "Redemptoris custos". Hay que recordar también que, aunque la unión matrimonial comportaba los derechos recíprocos en orden a la generación, María y José, de mutuo acuerdo, habían renunciado a su ejercicio, como señala San Agustín.
           Sto. Tomás enumera las varias razones por las que convenía que la Virgen estuviera casada con José en matrimonio: Para evitar la infamia de cara a vecinos y parientes; para que Jesús viviera en el seno de una familia y fuera tratado como legítimo, y para que Madre e Hijo encontraran apoyo y ayuda en José; para que fuera oculta al diablo la llegada del Mesías; para que en la Virgen fueran honrados a la vez el matrimonio y la virginidad. Juan Pablo II, en su Exhortación Apostólica "Familiaris consortio", destaca el amor puro e intenso de María a su esposo, y sostiene que en María y José tienen los esposos el ejemplo acabado de lo que deben ser el amor y la delicadeza. Procede asimismo destacar que no es probable que San José fuera mucho mayor que la Virgen, ya que la pureza nace del amor y, para el amor limpio, no son obstáculo la robustez y la alegría de la juventud.
Dentro del entorno de todas estas maravillas, recordar cómo se nombra a San José como padre en repetidas ocasiones, y cómo Jesús fue hijo auténtico: "Bajó con ellos a Nazaret y les estaba sujeto" (Le 2, 51).
En síntesis: por voluntad divina, Jesús fue concebido milagrosamente por el Espíritu Santo naciendo virginalmente para María y José, porque Dios quería que naciera en el seno de una familia y estuviera sometido a un padre y a una madre y cuidado por ellos. Fue un hijo ejemplar, pues "les estaba sujeto..." en todo.
Y a su vez, San José amó y cuidó a Jesús como a su hijo consagrándole sus fuerzas, su tiempo, sus inquietudes y cuidados.


Por Francisco Pellicer Valero





viernes, 7 de octubre de 2011

LOS SIETE DOMINGOS DE SAN JOSE



SEGUNDO DOMINGO

 
El segundo domingo de San José nos enfrenta con las virtudes del santo patriarca.
Y aunque el evangelio es parco en relatarnos y contarnos su figura, sí podemos hacer un breve esquema de las virtudes y cualidades que se transparentan en la narración de Mateo.
Era silencioso. Mateo describe conductas pero no palabras. El silencio junto al trabajo paciente entraña .no pocas veces virtud, tenacidad, coherencia, visión clara de la propia verdad, o sea humildad.
También Mateo nos cuenta que era "justo". Esto equivale a santo, como dicen todos los tratadistas, pues ese término "justo" comportaba la santidad entre los antiguos israelitas, como consecuencia de obedecer la voluntad de Dios. En el A. T. el justo es el que tiene corazón puro y rectitud en sus intenciones respecto a Dios y al prójimo.
Hay una indudable analogía entre José y Job. Ambos son justos y ambos obedecen a Dios. Pero mientras Job se atreve incluso a "discutirle" al Señor sin ser castigado, la justeza de José tiene un grado superior que hemos citado inicialmente: el silencio y la aceptación. O sea y en la terminología veterotestamentaria, la mayor expresión de la humildad que es el conocimiento de la propia verdad humana y espiritual en la presencia de Yahvé.
Finalmente destacar que el concepto "justo" del A. T. es el equivalente al que el Evangelio llama "santo".
San José vivió plenamente en la fe, la esperanza y la caridad, pero con una coherencia impresionante.
Creyó la palabra de Dios cuando le reveló sus designios.
-Esperó con ilusión y alegría la llegada de Jesús Niño.
Y siempre amparó y protegió al Niño y a la Virgen con valor, entereza y tenacidad, huyendo a Egipto y recalando luego en Nazaret hasta el final de su vida, lejos de Heredes y casi cercano a la frontera del Líbano.
Y en el plano profesional, no dudamos que fue fiable, leal con los amigos y clientes y que cobraría siempre "lo justo" -esa maravilla hoy casi inédita del artesano honesto y profesional-, pues ni que decir tiene que José fue no un carpintero a secas sino un profesional capaz de sacarle a la madera cosas "artesanales", o sea lo que hoy casi no existe.
Y un último rasgo: murió sin ruido y en silencio, como había sido su vida.
Como en la circular precedente, no resistimos a reproducir la oración del segundo dolor y gozo, recogida en el citado Eucologio del Congregante por el P. Tomás García, S. J.: "Oh bienaventurado Patriarca glorioso San José, escogido para ser padre adoptivo del Hijo de Dios hecho hombre, el dolor que sentisteis viendo nacer al niño Jesús en tan gran pobreza, se cambió de pronto en alegría celestial al oír el armonioso concierto de los ángeles y al contemplar las maravillas de aquella noche tan resplandeciente."


Por francisco pellicer valero



viernes, 8 de julio de 2011

LOS SIETE DOMINGOS DE SAN JOSÉ

PRIMER DOMINGO

 
 




Ante la indiscutible importancia que tiene la figura y hechos que conocemos del Patriarca San José, me ha parecido iniciar la presente serie, reconfigurando a través de ella algunas de las imágenes e ideas que, hasta hoy y en relación con San José, he venido comentando.
La antigua costumbre tradicional, como señala el P. Tomás García, S. J., en su "Eucologio del Congregante", prepara a sus devotos en los siete domingos en honor del glorioso patriarca como introducción a su fiesta del 19 de marzo.

Recordemos primero lo que Santa Teresa de Jesús dejó escrito sobre él: "A otros santos parece les dio el Señor gracia para socorrer en una necesidad; de éste glorioso Santo tengo experiencia QUE SOCORRE EN TODAS, Y QUE QUIERE EL SEÑOR DARNOS A ENTENDER QUE ASÍ COMO LE FUE SUJETO EN LA TIERRA -QUE COMO TENÍA NOMBRE DE PADRE SIENDO AYO LE PODÍA MANDAR-, ASÍ EN EL CIELO HACE CUANTO LE PIDE...
Solamente pido, por amor de Dios, que lo pruebe quien no me creyere, y verá por experiencia el gran bien que es encomendarse a este glorioso patriarca y tenerle devoción." (Ya recordaréis cómo mencionamos a Santa Teresa en la Circular 293).

Hagamos unas breves meditaciones:
San José es el mayor de los santos en el Cielo. Es unánime la doctrina católica como ya hemos señalado en no pocas ocasiones y la Iglesia es unánime en esta postura a través de no pocos santos (como el propio Santo Tomás) y papas (entre los cuales hay que señalar a León XIII, con su Encíclica "Quamquam Pluries", de 15-VHI-1899, y Juan Pablo H con su Exhortación Apostólica "Redemptoris cusios", de 15-VLII-1989) y cantidad de autores que omitimos por brevedad.

Hay santos a los que podría aplicarse lo que Sto. Tomás aplica a María Santísima: "A los que Dios elige para algo, los prepara y dispone de tal modo que sean idóneos para ello."
Si María, Madre de Dios, recibió, por elección divina, una PLENITUD de gracia superior a todos los santos juntos, el primer y privilegiado beneficiario de TANTA gracia fue San José que, después de María, fue quien más cerca de Jesús estuvo mientras vivió.

Las Letanías de San José contienen bellas expresiones del ser, virtud y grandeza de este Santo.
Destaco algunas de entre ellas que sintetizan -con fundamento en la Iglesia infalible y asistida de Dios-, esa grandeza: ínclito descendiente de David, Luz de los Patriarcas, Esposo de la Madre de Dios, Custodio casto de la Virgen, Nutricio del Hijo de Dios...

Concluyo trascribiendo la oración del primero de los siete dolores y gozos:
"Oh castísimo esposo de María, glorioso San José, ¡qué aflicción y angustia la de vuestro corazón en la perplejidad en que estabais sin saber si debíais abandonar o no a vuestra esposa sin mancilla! ¡Pero cuál no fue también vuestra alegría cuando el ángel os reveló el gran misterio de la Encarnación!"

Por francisco pellicer valero