ASOCIACION BIBLICA SAN PABLO

ASOCIACION BIBLICA SAN PABLO

sábado, 12 de marzo de 2016

CARTAS A LAS SIETE IGLESIAS





El libro del Apocalipsis recoge la historia más bella y más esperanzadora jamás contada, dice el padre Charlier. Y, siguiendo su investigación, nos moveremos en nuestro escrito. Aunque entre los fieles es un libro bastante desconocido, no lo es así para los exégetas. Sólo la Biblioteca de la Escuela Bíblica de Jerusalén tenía inscritos a finales de 1983 unos 800 títulos.
            Estas Cartas se dirigen a siete iglesias concretas en el tiempo y en la Historia. Tras ellas, tras el plan de su autor se abraza la Iglesia universal. 54 veces cita el libro sagrado el número 7. Es la suma del “3”, que se refiere a Dios en persona y el “4” que simboliza la Creación. Símbolo de plenitud y de Alianza.
            De las cinco grandes partes del libro, el “septenario” de las cartas es el primero. “Es la Iglesia, ejemplarizada históricamente en las siete comunidades de Asia que precede al tiempo y a la historia”. Se puede sintetizar en “Vivir en la Iglesia”. Tras él, entrarán el mundo o la Creación en la Historia. Y, aunque muchos le han dado al Apocalipsis un tinte de negros presagios futuros nada más lejos de la auténtica realidad porque todo cuanto dice el libro ya ha sucedido; más la Historia se repite, por eso, en sus páginas, cual un diario de la mañana nos da cuenta de la realidad en que vivimos. La misma de entonces porque en esas cartas se les dijo a aquellos cristianos de finales del siglo I como debe “vivir un cristiano en esa Iglesia”. En esa Iglesia particular que forma parte de la Universal en la que militamos nosotros, para luego vivir como cristiano en el mundo. Situaciones concretas, típicas de todas las situaciones por las que atraviesa cualquier iglesia por encima de fronteras y espacios. Es la palabra de Dios. Eterna e inmutable. Válida para el ayer, de cuantos nos han precedido. Para el hoy que estamos viviendo y para el mañana de cuantos nos sucedan.
            La revelación va dirigida a un tal Juan -que desconocemos-, que recibe la Palabra de Dios mientras ve a alguien, como a “un Hijo de Hombre”, precisamente en el “día del Señor”, y sin duda alguna mostrándonos que el lugar donde se hace visible la presencia de Cristo en el mundo es en la Iglesia. Por eso emplea en cada uno de esos mensajes que entrañan las cartas la palabra “CONOZCO”. Evidencia clara de que a Cristo, nuestro redentor, no se le escapa detalle alguno de la manera de comportarse cada una de esas iglesias locales. Por eso las anima a seguir en sus luces y las reprende para que corrijan sus sombras. Lo mismo que ahora. Ahí esta la voz del Papa alertando de la gran ignorancia y de los inmensos errores.
            No cabe espera con las revelaciones del Apocalipsis porque ya se han cumplido todas. Nada de fin del mundo. Se trataba de elaborar una teología de la Historia partiendo de una eclesiología y de una cristología. Todo va a suceder “pronto”. No caben dilatadas esperas. Así de claro lo dice el texto sagrado: “Revelación de Jesucristo. Dios se la concedió a sus siervos para mostrarles lo que va a suceder pronto (1,1).

SEPTENARIO DE LAS CARTAS


            Las siete iglesias escogidas son: Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea. Siete Iglesias de Asia que formando un arco se abren hacia el camino de Roma.

            ÉFESO.- Es la primera. Era la Iglesia más floreciente donde Pablo había enraizado la fe. También la más numerosa. Entre sus luces están su fatiga, sus obras y su constancia; pero ha perdido la caridad. También nos emplaza a nosotros. Mirando a nuestro alrededor encontramos múltiples cristianos que practican el bien sin ánimo trascendente. Incluso se soslaya la evangelización dando prioridad a la parte humana antes que la espiritual. El vaso de agua no se da por Cristo. Observemos este detalle en la multiplicidad de ONGs. Por eso no son cristianos.

            ESMIRNA.- Es la actual Izmir que pronto visitará el Papa. Allá en Turquía. Allí sólo queda un núcleo muy reducido de católicos que, como los de hace dos mil años sufren tribulación y pobreza. Entonces por los judíos; ahora por el Islam. Son probados en el crisol. Son pocos, pero vencerán sin ser heridos por la segunda muerte.

            PÉRGAMO.- Famosa e ilustre ciudad con una inmensa biblioteca, de mas de 200.000 obras, que rivaliza con la famosa de Alejandría. Era un gran centro cultural y religioso con inmensas peregrinaciones idolátricas a los diversos dioses que allí se veneraban. Salgo así como Lourdes y Fátima. Los cristianos tenían una fe bastante viva y sólida pero conviven con la depravación y la sexualidad libertina. ¿Advierten mayor semejanza con nuestra historia viva actual? Como se ve tampoco peligrosas profecías para nuestro tiempo.
            Allí era una advertencia a esa Iglesia que no renegando de la fe en Cristo cohabita con el pecado. Aquí, ahora, una clara invitación a salir de la depravación del aborto, de los matrimonios del mismo sexo, de la manipulación y clonación de embriones y de mil aberraciones a las que se llega por la más descarada tolerancia del mal y del pecado sin llegar a escandalizarse. Solo basta dar una mirada a nuestro alrededor y observar como los políticos y un buen número de católicos han encerrado su fe en el baúl de los recuerdos. Habríamos de meditar mucho esas palabras: “Pero tengo algo contra ti”, aunque sea poca cosa, para corregir esas conductas laxas en materia de fe y costumbres. Allí, entonces, y aquí, ahora, no se ha desatado una persecución sangrienta; pero cohabitan la comunidad cristiana y la de Satanás. El sexo estaba a la orden del día como lo tenemos nosotros a toda hora en nuestros días. Por eso la lucha ha de ser con la palabra, con la “espada de dos filos” que no es signo de muerte, como se pensó, sino signo de Evangelización. Y en el aire permanece esa doctrina de Juan Pablo II.

            TIATIRA.- Es la Carta más larga. Tiatira ya no existe. Los cristianos, apenas cien años después de la Carta habían desaparecido. Siglos después se levantó en su solar una población famosa por sus alfombras: Akhisar. Los cristianos no son numerosos, tienen que soportar el paganismo y se les exige una mayor fuerza de evangelización. Es en esta carta la única vez que el Apocalipsis escribe “el Hijo de Dios”. Allí brotan los horóscopos y adivinaciones de nuestro tiempo actual que Juan Pablo II condenó y nuestro Papa actual, Benedicto XVI, siendo el Cardenal Ratzinguer advirtió de la falta de cultura religiosa entre los católicos. Eran pocos, pero menos aún evangelizadores. Y se les pide que permanezcan fieles a la fe que ya tienen.

            SARDES.- El primer coleccionista de oro de la humanidad, el famoso Creso, era de Sardes. “Si no vigilas caeré sobre ti como un ladrón” (3,3). Las obras de los cristianos son huecas, sin consistencia a los ojos de Cristo. Sardes es una Iglesia moribunda. Son pocos los que viven en la fe. No nos es difícil encontrarlas ahora. Sardes estaba construida como ciudad inexpugnable. Y Ciro la ocupó por sorpresa una noche. Los cristianos de Sardes conocían la Historia y no les fue difícil interpretar el mensaje y comprender muy bien el sentido de las palabras de Cristo. Saber si una Iglesia está muerta solo lo conoce Cristo, porque aparentemente puede moverse y dar un cierto aire de vida aunque dentro esté hueca. Un grupo, por muy ferviente que sea, si no se apoya en una Iglesia no es nada. “Vigila y reafirma lo que queda y está a punto de perecer” (3, 2). Allí había muy pocos “que no han contaminado sus vestidos” (3, 4).

            FILADELFIA.- En esta ciudad levantaron los romanos el templo de Jano que solo tenía dos puertas y solo se abrían en tiempo de guerra. Allí fue donde Pablo habló que había abierto la puerta al mensaje de Cristo. Pero la fuerza de esta Iglesia se ha debilitado y es pequeña. Los cristianos son pocos. Pero son perseverantes. Por eso les pide que guarden cuanto tienen para que nadie les arrebate la corona cuando llegue el momento de la persecución. Allí, actualmente, se levanta una población, casi rural, con 15.000 habitantes, llamada Alasehir.
            Una particularidad de esta Carta es que en ella recibe Cristo el nombre de “Santo” y, por cuatro veces, en el verso 12, emplea las palabras “mi Dios”.

            LAODICEA.- Es la séptima. La última de las Siete cartas. Por su ciudad pasaba la gran ruta oriental de Asia. Y en sus proximidades, a tan sólo 10 kilómetros, Colosas. Al norte, a 6 kilómetros, Hierápolis. La montaña “nevada”, aparentemente, gracias a la inmensa cantidad de cal que fluye de las aguas que brotan y corren por sus laderas. A Cristo se le da en ella el nombre de “El Amén”. Quizás, lo más importante para plasmar de ella en nuestra actualidad, nuestro tiempo, sean esas palabras: “Porque eres tibio, y no eres frío ni caliente te voy a vomitar de mi boca” (3, 16). Palabras que llegaban al corazón y comprendían muy bien sus habitantes ya que la mala calidad de las aguas les obligó a transportarlas desde muy lejos por medio de largos acueductos que ocasionaban que al final del viaje fuesen tibias e insípidas. Como los cristianos. Los de entonces y los de ahora. Solo falta mirar a nuestro alrededor. Su primer obispo, según la tradición, fue el amigo de Pablo, Filemón, a quien el Apóstol escribe recomendándole acepte de nuevo a su esclavo Onésimo como a un hermano querido. ¡Qué canto más sublime contra la esclavitud! Era la Iglesia de Laodicea, enriquecida y sin faltarle de nada, la Iglesia del “todo va bien” que no es difícil escuchar en nuestros días. Presume de riquezas y Cristo la acusa de “pobre, ciega y desnuda” (3, 17).
            No son negros presagios para hoy. Fue viva actualidad para ellos y para nosotros para corregir nuestras sombras y acrecentar nuestras luces, Vivir la Iglesia.


Francisco Roig Espert

sábado, 5 de marzo de 2016

MUJERES DE LA BIBLIA: REBECA

MUJERES DE LA BIBLIA 2: REBECA






            Para la historia sagrada Rebeca es ante todo la esposa de Isaac y la madre de Esaú y Jacob.
            Los datos de su vida pueden agruparse en tres acontecimientos principales: matrimonio con Isaac, nacimiento de sus hijos Esaú y Jacob y la astucia de su madre para obtener la bendición paterna sobre Jacob suplantando a Esaú.
            Abraham muy entrado en años se preocupa del matrimonio de su hijo Isaac. Para ello encarga a su mayordomo Eliecer, muy prudente y lleno de experiencia a que se traslade a Mesopotamia a buscar entre sus parientes, ya que las jóvenes de Canaán son paganas y politeístas.
            El criado, consciente de su responsabilidad, pide a Dios que le ayude y le pide una señal: “Yahvé, Dios de mi señor Abraham, dame suerte y favorece a mi señor Abraham. Voy a quedarme junto a la fuente adonde acuden las muchachas de la ciudad para tomar agua. Que la muchacha a quien yo diga: “Inclina tu cántaro para que yo beba”, y ella me responda; “Bebe y también abrevaré a tus camellos” sea la que tienes destinada para tu siervo Isaac (Gen 24, 12-14).
            La señal no parece mal elegida. El criado piensa que dar de beber a un extraño es ya una prueba de buen corazón. Pero sacar agua de un pozo para saciar la sed de una caravana de diez camellos no es un favor que hace cualquiera. Solo puede hacerlo una persona muy delicada y caritativa, dispuesta a servir y ésta sería una buena adquisición para el hijo de su señor.
            Eliezer observa atentamente a una joven que viene a sacar agua del pozo: la joven es muy hermosa. Y virgen, que no había conocido varón (Gen 24, 16). Baja a la fuente, llena su cántaro y sube. El criado corre a su encuentro y le dice: “Dame un poco de agua de tu cántaro”. Ella le dice: “Bebe, señor, y sacaré agua también para tus camellos hasta que se hayan saciado.”
            Cuando los camellos se hartan de agua le pregunta a la joven por su nombre. Se llama Rebeca y es hija de Betuel. El criado no sale de su asombro: ha encontrado a la sobrina nieta de su señor. Da gracias a Dios porque le ha conducido a la casa de los parientes de su amo. Dice el objeto de su viaje y es aceptado.
            Se ponen en marcha y cuando llegan a su casa Isaac introduce a Rebeca en su tienda y se casa con ella. Después de 20 años de matrimonio, por fin nacen dos gemelos: Esaú y Jacob.
            Se van haciendo mayores; a Esaú le gusta la caza y preparar guisos para su padre; Jacob prefiere pasar el tiempo con su madre y cuidar del rebaño.
            Un día Esaú llega a casa muy hambriento y le pide a su hermano que le dé unas lentejas que había preparado. Jacob se las dio a cambio de adquirir la primogenitura, cosa que su hermano no consentirá. Cuando llegó el momento de que el padre bendiga al mayor, Rebeca que tiene predilección por Jacob planea una estratagema para que su marido, casi ciego, bendiga a Jacob.
            La desesperación de Esaú al verse privado de la bendición de su padre es tan enorme que toma la decisión de matar a su hermano. Se entera Rebeca y convence a Jacob para que se vaya a Mesopotamia, a casa de su tío Labán. Sin duda fue muy duro para ella el dejar marchar a su hijo de noche y en secreto. Aquí acaba la historia de Rebeca. Nada sabemos de su vida posterior.

Por Francisco Pellicer Valero

sábado, 6 de febrero de 2016

MUJERES DE LA BIBLIA: SARA

 MUJERES DE LA BIBLIA 1: SARA





                   Fue la esposa de Abraham y madre de Isaac, personajes importantes por la promesa divina designados a poseer un país nuevo y con una bendición divina que se extenderá a todas las naciones de la tierra.
                   Sara abandona su patria, Mesopotamia, y se dirige con su marido a una tierra prometida: Canaán cuyo país recorren hasta llegar al lugar santo de Siquem, acompañados de Lot, sobrino de Abraham, y llevando todas sus posesiones y los esclavos que tenían en Jarán. Abraham, hombre ignorado hasta ahora, irrumpe con luz propia en la historia universal. Tanto él como su esposa rompen todos los vínculos terrenos de sus antepasados a una edad avanzada, ya que él tiene 75 años y ella diez menos (Gn 12, 4),
                   Como Sara es estéril, le propone a su marido que tome a su sierva Agar como mujer y reconocer al hijo que nazca como propio. Pero cuando la sierva se halla embarazada se burla de su señora, echándole en cara su esterilidad. Sara siente en lo más profundo de su ser aquel desprecio y aquella ofensa; actúa tan severamente con su esclava,

que ésta tiene que huir de casa. Un ángel de Dios la detiene en el camino y le manda volver y someterse a su señora y le promete una descendencia numerosa para el hijo que pronto va a nacer; pero Ismael, el hijo de Agar y Abraham no es el hijo de la promesa.
                   Una nueva aparición divina le dice que será padre de una multitud de pueblos y Sara será la madre del nuevo vástago, según anunciaron a Abraham los tres hombres que le visitaron (Gn 18, 9-10).
                   Concibió Sara y dio a Abraham un hijo en su vejez. El nacimiento del hijo provoca en la tienda de Abraham una alegría general; el niño se llama Isaac que significa en hebreo “Dios ha sonreído”.
                   Según los datos bíblicos Sara no toma parte en la última gran prueba a que fue sometido Abraham.

                   El último dato sobre Sara se refiere a su muerte y entierro en Hebrón a la edad de 127 años (Gn 23, 1-2). Abraham mismo se encargó de su oración fúnebre y del duelo oficial.

Por Francisco Pellicer Valero

sábado, 30 de enero de 2016

ORACIÓN FINAL DE UN HOMBRE AGRADECIDO

ORACIÓN FINAL DE UN HOMBRE AGRADECIDO



Reproducimos este texto magnífico de José Luis Martín Descalzo, de su libro “Lo que María guardaba en su corazón”, 1985, por su  gran ternura y poesía y por su profundo valor edificante.






Te doy gracias, María, por ser una mujer:
Gracias por haber sido mujer como mi madre y por haberlo
sido en un tiempo en el que ser mujer era como no ser nada.
Gracias porque cuando todos te consideraban una mujer
de nada tú fuiste todo, todo lo que un ser humano puede ser
y mucho más, la plenitud del hombre, una vida completa.
Gracias por haber sido una mujer libre y liberada, la mujer
más libre y liberada de la historia, la única mujer liberada
y libre de la historia, porque tú fuiste la única no atada al pecado,
la única no uncida a la vulgaridad, la única que nunca
fue mediocre, la única verdaderamente llena de gracia y de vida.
Te doy gracias porque estuviste llena de gracia porque
estabas precisamente llena de vida; porque estuviste llena de
de vida porque te habían verdaderamente llenado de gracia.
Te doy gracias porque supiste encontrar la libertad siendo esclava,
aceptando la única esclavitud que libera, la esclavitud de Dios,
y nunca te enzarzaste en todas las otras esclavitudes
que a nosotros nos atan.
Te doy gracias porque te atreviste a tomar la vida con las dos manos.
Porque al llegar el ángel te atreviste a preferir tu misión
a tu comodidad, porque aceptaste tu misión sabiendo que era
cuesta arriba, en una cuesta arriba que acababa en un Calvario.
Gracias porque fuiste valiente, gracias por no tener miedo,
gracias por fiarte de Dios que te estaba llenando,
del Dios que venía, no a quitarte nada, sino a hacerte más mujer.
Gracias por tu libertad de palabra cuando hablaste a Isabel.
Gracias por atreverte a decir que Dios derribaría
a los poderosos, sin preocuparte por lo que pensaría Herodes.
Gracias por haber sabido que eras pobre y que Dios
te había elegido precisamente por ser pobre.
Gracias porque supiste hablar de los ricos sin rencor,
pero poniéndolos en su sitio: el vacío.
Gracias porque supiste ser la más maternal de las vírgenes,
la más virginal de las madres.
Gracias porque entendiste la maternidad como un servicio a la vida ¡y qué vida!
Gracias porque entendiste la virginidad
como una entrega ¡y qué entrega!
Gracias por ser alegre en un tiempo de tristes,
por ser valiente en un tiempo de cobardes.
Gracias por atreverte a ir embarazada hasta Belén,
gracias por dar a luz donde cualquier otra mujer
se hubiera avergonzado.
Gracias por haber sabido ser luego una mujer de pueblo,
por no haber necesitado ni ángeles, ni criaturas
que te amasaran el pan y te hicieran la comida,
gracias por haber sabido vivir sin milagros
ni prodigios, gracias por haber sabido que estar
llena no era de estarlo de títulos y honores,
sino de amor.
Gracias por haber aceptado el exilio,
por asumir serena la muerte del esposo querido.
Gracias por haber respetado la vocación de tu hijo
cuando se fue hacia su locura,
por no haberle dado consejitos prudentes,
gracias por haberle dejado crecer y por sentirte
orgullosa de que Él te superase.
Gracias por haber sabido quedarte en silencio
y en la sombra durante su misión, pero sosteniendo
de lejos el grupo de mujeres que seguían a tu Hijo.
Gracias por haber subido al Calvario cuando pudiste quedarte
alejada del llanto, por aguantar al lado del sufriente.
Gracias por aceptar la soledad de los años vacíos.
Gracias por haber sido la mujer más entera que ha existido nunca
y gracias, sobre todo, por haber sido la única mujer
de toda la historia que volvió entera a los brazos de Dios.
Gracias por seguir siendo madre y mujer en el cielo,
por no cansarte de amamantar a tus hijos de ahora.
Gracias por no haber reclamado nunca con palabras vacías
tu derecho de mujer en la Iglesia, pero al mismo tiempo
haber sido de hecho el miembro más eminente de la Iglesia,
la primera redimida, por ser entre los hombres y mujeres
todos de la tierra la que más se ha parecido a tu Hijo,
la que más cerca ha estado y está aún de Dios.


Fotos amablemente cedidas por Manolo Guallart.

lunes, 25 de enero de 2016

CONVERSIONES

         CONVERSIONES


       El ponente distingue inicialmente tres tipos de conversión: la religiosa o encuentro con la realidad de Dios; ideológica o encuentro con la realidad de una idea; y la erótica o encuentro con la realidad del “tú”.

         La charla tiene tres partes bien diferenciadas: estudio de la conversión de san Pablo; la segunda, estudio sobre la conversión de Paul Claudel; la tercera, algunas precisiones sobre la fenomenología de la conversión.

         La primera parte, analiza la conversión de san Pablo, comenzando por la persecución desatada por este y que nos narra el libro de los Hechos, hasta culminar en el encuentro con Cristo a las puertas de Damasco. Hace una breve referencia a la violencia de la persecución desatada por él mismo, y a la que alude en pasajes como Gal 1, 13; 1 Cor 15, 9; y 1 Tim 1, 13. Contempla, luego, la fuga de los cristianos perseguidos por él hacia el resto de Palestina, Siria y las villas de la costa fenicia; propiciando con ello los designios de la providencia para extender el cristianismo. Se detiene luego en el pasaje de Act 26, 14-18, donde Pablo cuenta al Procurador y al rey Agripa su encuentro con Cristo, analizando tres frases de Jesús: “Yo soy Jesús”, “a quien tú persigues”, y “duro te es dar coces sobre el aguijón”. De todo ello, resulta que Pablo –resumiendo mucho- acaba por reconocer la resurrección de Jesús, sus errores personales, la razón de Esteban; dentro de su ceguera de tres días se opera en él la espectacular conversión que ya conocemos, que le transforma en un incondicional de Cristo muerto y resucitado, al que predica toda su vida. La charla hace asimismo un análisis crítico de las teorías racionalistas en busca de una explicación natural o sicológica a la conversión de Pablo.




          La segunda parte, hace un breve estudio sobre la conversión del escritor y diplomático francés Paul Claudel, acaecida de manera espectacular el 25 de diciembre de 1886, durante la misa de Navidad, en la Catedral de Notre Dame de París. Veintisiete años después de haber ocurrido, Claudel la hizo pública en un memorandum que describe todo el proceso, y del que se transcribe la parte fundamental: “Por entonces había empezado yo a escribir y creía poder hallar en las ceremonias católicas, que contemplaba con un presuntuoso diletantismo, un aliciente apropiado y materia para un par de artículos decadentes...

Yo me encontraba entre la muchedumbre cerca del segundo pilar a la entrada del coro, a la derecha de la sacristía.

          Y entonces fue cuando se produjo el hecho que domina toda mi vida.
          En un instante mi corazón fue tocado y creí. Creí con una tal fuerza de adhesión, con una tal conmoción de todo mi ser, con tal convicción, con tal certeza, que no dejó lugar a ninguna clase de duda; desde entonces, todos los libros, todos los razonamientos, todos los avatares de una vida agitada, no han podido debilitar mi fe, y, a decir verdad, ni tocarla siquiera. Tuve de repente un sentimiento lacerante de la inocencia, de la infancia eterna de Dios, una revelación inefable....”

         Esta conversión que, en realidad, fue el regreso a su fe bautismal, se produjo de una manera avasalladora, y cambió su vida sin vuelta atrás, aunque Claudel se resistió a esta invasión de Dios durante cuatro años, al final de los cuales se confesó, volviendo a la práctica del catolicismo que había abandonado en 1880. Está considerado como uno de los autores más emblemáticos del catolicismo francés, con una abundante producción poética y teatral.



         La tercera parte de la charla hizo un breve análisis en torno al tema de la conversión. En efecto, el converso se encuentra con una idea o con “alguien” y se deja dominar por la verdad de ese alguien. Su vida se escinde en dos mitades: la antigua y la nueva. Se le abre un abismo entre el presente y el pasado, entre el ahora y el entonces; sabe que no podrá retroceder; es como un ciego al que, de repente, insospechadamente, se le concede la dicha de ver; al cambiar de postura religiosa, se produce una conmoción en su existencia; la ruptura es definitiva, radical, y transforma el pensar, los hábitos de vida y el comportamiento con los demás. El converso da carpetazo a todo lo precedente, mata la vieja existencia, y de sus cenizas surge una nueva vida.

         Finalmente se mencionó – en el plano estrictamente religioso- el presupuesto de toda conversión:
- La “casa” personal se viene abajo, se derrumba;
- Posteriormente se reconoce este derrumbamiento como obra de Dios;
- Sobre estos escombros, se produce la revelación de un nuevo sentido de la vida;
- Los argumentos de razón juegan su papel, pero el acto de la conversión sigue en la obscuridad;

- Los mecanismos de la sicología no bastan a explicar el fenómeno, pues las fuerzas  que aquí actúan están más allá de la razón.

Erreuve
Fotografía Pila Bautismal: Mª del Carmen Feliu.

viernes, 15 de enero de 2016

LA BIBLIA EN EL QUIJOTE

LA BIBLIA EN EL QUIJOTE



       Miguel de Cervantes fue, no sólo un buen cristiano, sino también un Terciario Franciscano en la Capilla de la Venerable Orden Tercera de San Francisco el Grande de Madrid, como indica la placa colocada en el frontal.
       En su genial novela “El Ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha”, nos ofrece ricos testimonios de fe y de conocimiento de la Biblia a través, sobre todo, de los discursos y reflexiones puestos en boca de Don Quijote.

“En aquella dichosa edad
eran todas las
cosas comunes”

Antes del discurso de Don Quijote a los cabreros sobre la edad dorada (Capítulo XI, de la 1ª parte), le pide a Sancho Panza que se siente en el suelo “porque a quien se humilla Dios lo ensalza” (Mt 23, 12).




       En el texto del Discurso, Cervantes recrea bellamente estas escenas de la Sagrada Escritura:
       - La vida de nuestros primeros padres en el paraíso:
“Yahvé plantó un jardín en un lugar del Oriente llamado Edén. Hizo brotar del suelo toda clase de árboles agradables a la vista y buenos para comer... tomó al hombre y lo puso en el Jardín del Edén para que lo cultivara y cuidara” (Gn 2, 8-9.15).

En torno a esta escena del Paraíso, Don Quijote destaca: “las entrañas piadosas de nuestra primera madre que, sin ser forzada, ofrecía por todas las partes de su fértil y espacioso seno lo que pudiese hartar, sustentar y deleitar a los hijos que entonces la poseían”.

       - La vida de la comunidad cristiana primitiva. De la que se dice en Hch 4, 32: “formaban un solo corazón y una sola alma y nadie consideraba como suyo lo que poseía, sino que todo era común entre ellos”.

       Don Quijote dice: “Porque en aquella dichosa y santa edad los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de “tuyo” y “mío”. Eran todas las cosas comunes... todo era paz entonces, todo amistad, todo concordia”.

       - La verdadera religión: “La religión recta e irreprochable delante de Dios Padre consiste en visitar a los huérfanos y a las viudas en su aflicción” (Carta de Santiago 1, 27).

       Don Quijote afirma que: “Se instituyó la Orden de los Caballeros andantes para defender a las doncellas, amparar a las viudas y a los menesterosos. Desta Orden soy yo, hermanos cabreros”.

“Dios, proveedor de todas las
cosas”



En el capítulo XVIII – 1ª Parte-, en un coloquio largo entre Don Quijote y Sancho, al encontrarse sin llevar en la alforja nada para comer, Don Quijote habla de la providencia de Dios, en la que descubrimos que hace alusión a dos textos del Sermón de la Montaña: “Mirad las aves del cielo, no siembran... y sin embargo, vuestro Padre celestial las alimenta” (Mt 6, 25-34). “Para que seáis hijos de vuestro Padre, que hace salir el sol sobre buenos y malos y que llueva sobre justos y pecadores” (Mt 5, 45).

Cervantes recrea bella y franciscanamente estas enseñanzas de Cristo señalando los animales más despreciables:
       “Dios, que es proveedor de todas las cosas, no nos ha de faltar, pues no falta a los mosquitos del aire, ni a los gusanillos de la tierra, ni a los renacuajos del aire. Y es tan piadoso, que hace salir su sol sobre los buenos y los malos, y llueve sobre los injustos y justos”.

       En esta cita del Quijote descubrimos que Cervantes conocía muy bien a San Francisco, del que se dice en I Celano 80: “Ardía en vehemente amor por los gusanillos porque había leído que se dijo del Salvador: “Yo soy un gusano, no un hombre” (Salmo 21, 7). Por eso los recogía del camino y los colocaba en lugar seguro”.

La paz evangélica


En el discurso de Don Quijote sobre las armas y las letras (Capítulos 37 y 38, de la 1ª parte), hace un elogio de la paz, “el mayor bien que los hombres pueden desear en esta vida... como los ángeles la dieron en la noche que fue nuestro día: “Gloria sea en las alturas, y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”. Y la salutación que el mejor Maestro de la tierra y del cielo enseñó a sus allegados y favorecidos, fue decirles que cuando entrasen en alguna casa dijesen: “Paz sea en esta casa”. Y otras muchas veces les dijo: “Mi paz os doy, mi paz os dejo”. Joya que, sin ella, en la tierra ni en el cielo puede haber bien alguno. Esta paz es el verdadero fin de la guerra”.

“De gente bien

nacida es
agradecer los
bienes que recibe”

       Al liberar Don Quijote a los galeotes de sus cadenas (Capítulo XXII, de la 1ª parte), Cervantes parece recrear la curación de los diez leprosos (Lc 17, 11-19), donde sólo uno de los diez “volvió alabando a Dios”.


       A ejemplo de Jesús, que exaltó al leproso que volvió a darle gracias, Don Quijote, llama a los galeotes liberados y les dice: “de gente bien nacida es agradecer los beneficios que reciben, y uno de los pecados que más a Dios ofende es la ingratitud”.

Fray Angel Gajate
Fotografía: Mª del Carmen Feliu

miércoles, 6 de enero de 2016

LA INFANCIA ESPIRITUAL

LA INFANCIA ESPIRITUAL

                Antaño se hablaba de la Navidad; hogaño damos un paso adelante para hablar de la infancia. Son días señalados para disfrutar todo el mundo, pero sobre todo, los niños. Ellos contemplan con deleite los “belenes”, algunos esperan en la Navidad los regalos que les trae el Niño Jesús; otros, Papa Noel o Santa Klaus, derivación del obispo San Nicolás de Bari, donde está enterrado, aunque nació y murió en Asia Menor. La tradición le atribuye muchos milagros y por ellos es patrono de muchas profesiones y, sobre todo, se hace una cabalgata en la que, sobre un caballo blanco, vemos la figura del obispo que dejará los juguetes a los niños.

                Aquí los juguetes los traen los Reyes Magos que llegaron de Oriente para traer al niño Jesús oro, incienso y mirra. Sería largo tratar aquí el tema astronómico de la estrella que les guió. Según comprobaciones históricas, se trató de una conjunción de astros; Júpiter y Saturno, en “Piscis”, lo que para los astrólogos persas era señal de un gran acontecimiento.


                Lo dicho es sólo un prólogo o pretexto para hablar de la infancia, pero no ya de la natural, sino de la espiritual que debe ser propia de los adultos con altas aspiraciones. ¿Qué tiene un niño que nos falte a los mayores? ¿Por qué Jesús los puso como ejemplo a imitar? El niño tiene una visión de la vida muy sencilla y confiada, sin retorcimiento, sin mala idea, sin envidia ni rencor, sin temores futuros más o menos inventados, sin ambiciones desmesuradas. Leamos con detención el salmo XXII, expresión exacta de la infancia espiritual. El niño confía ciegamente en sus padres, sabe que le quieren y le cuidan, y aunque se sabe débil, está seguro del amor de sus padres.

                Volver nosotros a la infancia es confiar en el amor de Dios; en que “para los que aman, todo es para su bien”. Hay que eliminar el orgullo, la vanidad. Todo lo que tenemos nos lo da Dios. Y cuando sufrimos de algún mal, de cualquier daño o carencia, pensemos como San Pablo: “porque cuando soy más débil, entonces soy más fuerte”.

                El mensaje de Jesús sobre los niños debió ser novedoso en aquella época. El  niño y la mujer tenían menor categoría  que el hombre. Resulta que para el Maestro, ser niño no es algo inferior sino superior.

                Otra cualidad del niño es la sinceridad y la ausencia de temor al “qué dirán”. Los mayores, siempre con caridad, debemos mantener nuestras verdades y manifestarlas sin temor, máxime en estos tiempos en que se ataca la fe cristiana.



                El camino de la infancia espiritual no es fácil de recorrer. Se ha de practicar el llamado “santo abandono”, es decir, la entrega amorosa y confiada a las manos de Dios. No confundir con el “quietismo”, inventado por Miguel de Molinos, sacerdote del XVII, postura condenada por la Iglesia y que dice que no hay que hacer ni pedir nada. Dios hará lo que tenga que hacer.

                Como decía el P. Rubio S.J., recientemente canonizado, “hay que hacer lo que Dios quiere y querer lo que Dios hace”.
                Ello supone aceptar todo lo que nos venga y, además, tratar de conocer cuál es la voluntad de Dios para cumplirla, realizarla. Esto último nos viene señalado por varios caminos:
        1) Los mandamientos de la Ley de Dios, que no los abolió Jesús, sino los completó.
        2) Los mandamientos de nuestra madre la Iglesia, junto con su magisterio ordinario o extraordinario.
        3) Los consejos, que sin ser mandatos obligatorios, nos dio Jesús contenidos en las “bienaventuranzas”, y en otros momentos, como el consejo al joven que quería “algo más”.
        4) Las inspiraciones que recibimos del Espíritu Santo, en forma de deseos, buenas ideas, o remordimientos, etc. obra de la gracia divina.
        5) Para los religiosos, cumplir sus respectivas reglas de cada orden o instituto, es señal de obedecer a Dios.

                El abandono no impide el pedir y actuar, como dijo Jesús: “pedid y recibiréis, llamad y se os abrirá, etc.”

Por José Mª Catret
Fotografía Reyes Magos: Mª del Carmen Feliu