ASOCIACION BIBLICA SAN PABLO

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sábado, 31 de mayo de 2014

EL MISTERIO DE MARIA EN LA HISTORIA DE LA SALVACION


Agustín Apaolaza, monje de Estíbaliz.
De la revista Estíbaliz 2014-1.

El misterio de María en la historia de la salvación
No cabe duda de que María ocupa un puesto relevante en la fe y en la vida del pueblo creyente. ¿Cómo se articula esta fe? ¿Dónde se apoya? ¿Con qué ojos debemos mirar a María? A lo largo de los siglos la doctrina mariana se ha desarrollado a partir de los datos bíblicos. Se ha recorrido mucho camino desde la Theotocos de Éfeso, pasando por la definición de la Asunción hasta llegar al Vaticano II. Y la reflexión postconciliar sobre María sigue su rumbo como se puede apreciar en la Revista Ephemeridesmariologicae.
¿Cómo presentar hoy a María en la catequesis, en la predicación, en las prácticas de devoción? ¿Cómo hacer el anuncio de María a los jóvenes? No tengo yo ninguna receta en esta materia, pero estoy convencido de que debemos seguir las orientaciones del Vat.II (Lumen Gentium, 52-59). María es presentada en el Vat. II en el cuadro de la historia de la salvación, una historia cuyo centro es Cristo resucitado y se prolonga en la Iglesia por medio del Espíritu. Es una mariología cristocéntrica. Así se evita el peligro de separar a María de Cristo y de la Iglesia, considerándola en sí misma, independiente en sus privilegios y su grandeza.
En estas líneas me limito a presentar la figura de María desde algunos textos del Nuevo Testamento, donde los primeros cristianos, y en especial S. Lucas, la ven realizando los planes de Dios en la historia de la humanidad al darnos al Mesías.

1. El anuncio del ángel a María (Lc 1,26-38)
Entre los textos referentes a María en el N.T., éste parece ser el más importante. Me limito a subrayar algunos de sus puntos:
¡ "Envió Dios al ángel Gabriel" (26). Es la continuación y realización del plan amoroso de Dios que manifestó en la creación, cuando quiso comunicar su vida divina a las criaturas y creó todas las cosas para su Hijo (Col 1,16). De esta manera quería infundir a todas las criaturas los rasgos de su Hijo. Y ahora con María llega la realización de ese proyecto de Dios.
¡ El saludo del ángel está lleno de optimismo: "Llena de gracia, el Señor está contigo" (28). María está llena de la belleza divina y con una ayuda muy especial de Dios para realizar su misión de madre del Salvador.
¡ En el diálogo del ángel con María, Lucas da más importancia al hijo que a la madre (32-33): este hijo será el Mesías esperado en el A.T.; será rey de la dinastía de David (Is 7,14; 9,6; 2 S 7,14-17; Sal 2,7).
¡ María aparece llena de sabiduría y madurez: no duda en exponer su dificultad: "¿Cómo será esto?" (34): actitud respetuosamente crítica. ¿Cómo puede ser virgen y madre?
¡ La respuesta del ángel le trae la solución: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra" (35). El Espíritu actuó con su amor en la creación del mundo (Gen 1,2). Ese mismo Espíritu dará comienzo a la nueva creación al encarnar al Hijo de Dios en el seno de María.
¡ Ahora María hace su opción fundamental de por vida: "Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra" (38). María disponible, esclava del Señor: escucha, cree y concibe. Su mérito consiste en creer. Se apoya sólo en la palabra de Dios y cree en lo imposible. Se entrega al poder de Dios, que triunfa en la pobreza. María actualiza y vive la fe de Abrahán (Gen 12,4).

2. La visita de María a su prima Isabel (Lc 1,39-45).
El sí de María a Dios despierta en ella una actitud de servicio. El Espíritu que se apoderó de María el día de la Anunciación es el dinamismo de Dios, que le lleva a vivir y comunicar el misterio del Salvador. En el pasaje anterior (Lc 1,26-38), Lucas ha dado preferencia al hijo. Aquí, en cambio, da preferencia a la madre. Podemos contemplar en esta escena a María caminando, llena de gozo por su maternal virginidad.
¡ María emprende un largo viaje, dejando su casa. Algo parecido al viaje de Abrahán (Gen 12,1.4). Había sabido por el ángel que su prima Isabel esperaba un hijo, y que estaba ya de seis meses (Lc 1,36). Pero Isabel era anciana, y la cercanía de María aún joven, podía serle útil. La que se había definido como "esclava del Señor" (1,38), se hace ahora esclava de los hombres: sirve al Señor a quien encuentra en los hermanos. El Fiat encuentra aquí su sentido pleno. Vemos a María con delantal.
¡ Pero el servicio de María no termina aquí. Además lleva a Jesús, y se lo comunica: "En cuanto Isabel oyó el saludo de María, el niño empezó a dar saltos en su seno" (41). El fiat de María no es de resignación, sino de gozo y de deseo, y empieza a vivir y comunicar el misterio del Salvador. Los apóstoles fueron testigos de Jesús hasta los confines de la tierra (Hch 1,8). María había hecho ya esto mismo. María modelo de los misioneros que llevan y comunican la Buena Noticia de Jesús.

3. El Magníficat de María (Lc 1,46-56).
Este poema es un comentario lírico a la concepción del niño que lleva María en su seno. Aparecen los sentimientos de María. La respuesta de María al ángel fue sencilla:"Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra" (1,38). Ahora María expresa eso mismo con una formulación lírica. El mensaje del ángel se refería esencialmente al niño (1,32-33.35). Las alabanzas de Isabel se refieren a la madre (1,42-45). Ella es la que mejor podía explicar e interpretar lo que había ocurrido.
Este cántico está compuesto con elementos tomados de la tradición bíblica. María se expresa aquí con elementos de la experiencia espiritual de Israel. María aparece como la representante de su pueblo: testigo del amor y de la fidelidad de Dios. La concepción de Jesús es una intervención de Dios en la historia de la salvación. María ha descubierto el senti­do de esta intervención de Dios, y la canta. ¿Cómo presenta María a Dios en esta intervención?
¡ Llama a Dios Señor: "Proclama mi alma la grandeza del Señor" (47). Es el Jahvé del A.T. Podemos imaginarnos las resonancias que tendría este término en boca de María: la grandeza de Dios, su inmensidad. María ha descubierto esta grandeza de Dios, y no tiene más que una palabra: Proclama. No es cuestión de explicar esta grandeza, sino de proclamarla. Decir que Dios es grande.
¡ A Dios llama también Salvador: "Se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador" (47). En la encarnación de Jesús María descubre que ese Dios grande y transcendente es al mismo tiempo un Dios que salva, un Dios amigo, cercano. Ante ese Dios grande y Salvador, María no da explicaciones. No hay palabras que puedan explicar esa experiencia salvadora. María se alegra ante la maravilla de la salvación. Toda su vida se llena de gozo.
¡ María ha descubierto, además, en la
concepción de Jesús que Dios ha manifestado su misericordia: "Se ha acordado de su misericordia" (54). Dios ha sido fiel a su promesa, a su alianza, y concede esa misericordia a sus fieles (50). María celebra esa misericordia de Dios.
O Además, María ha descubierto en la concepción de Jesús que Dios es poderoso: "El poderoso ha hecho obras grandes por mí" (49). Se refiere probablemente a las maravillas realizadas por Dios en la liberación de su pueblo de la esclavitud de Egipto (Dt 10,21). La venida del Masías no tiene menor importancia que la salida de Egipto.
¡ La intervención salvadora de Dios que pasa a través de María en la encarnación de Jesús, llega a tres clases de personas: 1. Los fieles de Dios, los hombres religiosos que tratan de buscar a Dios (50), en oposición a los soberbios de corazón (51). 2. Los humildes (52) y los hambrientos (53), en oposición a los soberbios y ricos. Dios ha intervenido en la encarnación de Jesús, de manera especial para los que socialmente no pueden levantar cabeza. 3. Los descendientes de Abrahán(54-55). El niño que lleva María en su seno es la respuesta de Dios a las aspiraciones religiosas de los que temen a Dios, pero también a las aspiraciones socio-políticas de los marginados y de los pobres, como también a las aspiraciones del pueblo judío. Dios responde a todas estas aspiraciones por medio de su Hijo que se ha encarnado en María. Se subraya la colaboración de María en todo esto.









viernes, 30 de mayo de 2014

DEDICATIO

DEDICATIO



La paz en Dios

"Sólo en Dios descansa mi alma, 
porque de él viene mi salvación;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré." Sal 61

Me acogiste y me trataste siempre como a una hija; me encargaste misiones que sólo se encomiendan a una hija; me concediste una confianza que sólo se tiene con una hija y, cuando me referías la sana envidia que tenías al vernos a mi madre y a mí juntas no reclamaste nunca aquello que yo te entregué por propia voluntad desde lo más profundo de mi corazón: el amor semejante al de una hija.

"Una cosa pido al Señor, 
eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor, 
contemplando su templo.
Espero gozar de la dicha del Señor 
en el país de la vida." Sal 26

UNA VIDA DEDICADA AL EVANGELIO

“Una vida dedicada al Evangelio”



           

            El día que conocí a Paco, en la ya lejana década de los 80, fue ante una Biblia abierta por el Libro de Isaías. La Parroquia de San Miguel y San Sebastián, nuestra Parroquia de toda la vida, acogía los Cursillos de Lectura de la Biblia que Paco, acompañado siempre de su fiel esposa Mercedes, impartía a todo aquel que quisiera acercarse a la Palabra de Dios.

            Me enseñó el modo de leer los textos bíblicos para entender bien su sentido, atentamente, despacio, con la correcta entonación y actitud, resaltando los puntos más relevantes de manera que la Palabra de Dios fuera bien proclamada y recibida por la asamblea. Me mostró que la transmisión de la Biblia, como tesoro que ésta es, entraña una responsabilidad a la vez que gozo; que es un verdadero ministerio.

            Años más tarde, recién diplomada en "Ciencias Bíblicas", Paco me buscó, me llamó y desde ese momento me prohijó integrándome en la Asociación Bíblica San Pablo, de la que por tantos años ha sido Presidente. De ahí en adelante y de su mano comprendí que los verdes prados de la Palabra no estaban destinados al disfrute personal, no eran un bagaje que conservar para mi misma, sino que había de gestar en mí el Evangelio para entregarlo según me era transmitido. Me contagió su espíritu de comunicación de forma que asimilase que el texto sagrado reviste un carácter vivificante, que su actividad es nutritiva, que es un alimento eterno que engendra en nosotros al hombre nuevo y encarna en lenguaje humano la locución divina: "El sembrador siembra la Palabra", Mt 13, 14.

            Imbuida de esta misión y bajo la dirección de Paco me entregué a la labor de la comunicación y transmisión de la Palabra, dejándola actuar en mi: "Os anunciamos la vida eterna, que estaba en el Padre y se manifestó a nosotros; lo que hemos visto os lo anunciamos, a fin de que también vosotros tengáis comunión con nosotros y nuestra comunión sea con el Padre y con su hijo Jesucristo." D.V 1.

            Durante estas más de dos últimas décadas he compartido con nuestro maestro y Presidente tiempos de preparación y de estudio; de oración y de interiorización, al tiempo que de acción de gracias en su más excelsa forma, en la Eucaristía; momentos personales y familiares, que han marcado derroteros nuevos y gozosos en mi vida como cristiana. Motivos todos ellos para sentirme agraciada y agradecida.

            Francisco Pellicer se convirtió para siempre en algo más que un maestro; se convirtió en un amigo.




             
Mª del Carmen Feliu Aguilella

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LA ORACION DEL PADRE NUESTRO (III)

LA ORACION DEL PADRE NUESTRO (III)



VII.- SU SENTIDO ESCATOLÓ-GICO.-

         La escatología es el conocimiento de las realidades últimas del hombre: la muerte, el juicio, el infierno y el Cielo. Tener sentido escatológico en sentido positivo, es afirmar que la primera parte del Padre Nuestro se cumplirá plenamente en el Cielo. Todos los comentaristas, antiguos y modernos, han puesto de relieve el carácter escatológico del Padre Nuestro, considerado globalmente y en cada una de sus peticiones. Se ha llegado a decir que en el Padre Nuestro sólo pedimos una cosa: la realización de la escatología, el fin de este mundo lleno de maldad, la venida del mundo transformado, la tierra nueva y el cielo nuevo.
         Que el Padre Nuestro tienda hacia un feliz escatológico está muy claro, pero decir que su esencia, su única finalidad descansa en la escatología y su realización en el más allá de la historia es un grave error.
         El acento excesivo en el sentido escatológico nos hace correr el riesgo de dejarlo todo para el más allá y evadirnos de los compromisos temporales a los que el Padre Nuestro nos obliga. El “venga a nosotros tu Reino” temporaliza esa oración y proclama el compromiso del hombre en la venida del Reino a este mundo.

         VIII.- EL PADRE NUESTRO Y LAS VIRTUDES TEOLOGALES.-

         El Padre Nuestro, exige, en verdad, un acto de fe, esperanza y amor. Como notaba ya Tertuliano, al rezarlo profesamos la fe en Dios como Padre, no obstante el “silencio” de Dios y del rosario de sufrimientos sin número. Él es Padre bondadoso; mirando al mundo, quizá esto no lo constatamos, pero lo creemos.
         Es un acto de esperanza: “venga tu Reino, hágase siempre tu voluntad”. Esperamos firmemente que el Padre enjugará y modificará las estructuras de la creación, Entonces, y sólo entonces, sonreirá la paz de Dios y de los hombres.    También es un acto de amor. No decimos simplemente Padre, sino Padre nuestro. Expresando así la acogida y la intimidad del amor.

         IX.- UNA ORACION SAGRADA.-


         El Padre Nuestro no es una oración para repetirla de modo mecánico, no es una oración para repetirla literalmente una y otra vez, haciendo incluso ostentación pública de su rezo. Es más bien una enseñanza de la actitud humana, espiritual y existencial, que hemos de adoptar ante Dios y ante los hombres.
         El padre Nuestro no es la oración de un momento, es la de todo momento, pues en todo momento hemos de sentirnos hijos de Dios y hermanos de los hombres. Es una oración sagrada y, como todo lo sagrado, merece un respeto sumo. Recitarlo supone un compromiso.
         En las primeras comunidades cristianas, sólo los fieles que habían adquirido el compromiso de ser cristianos mediante el Bautismo, podían recitarlo. La catequesis primitiva consistía substancialmente en explicar a los catecúmenos el Credo y el Padre Nuestro; éste último se explicaba muy detalladamente, petición por petición. Y se les enseñaba después de haber sido bautizados. Por eso al Padre Nuestro s ele llamó desde el principio “la oración de los fieles”, para indicar que sólo podían recitarlo los fieles miembros de la Iglesia, los que practicaban la doctrina cristiana.
         El Padre Nuestro es una oración comprometedora que no se puede decir a la ligera. En la liturgia romana decimos “Nos atrevemos a decir: Padre Nuestro...” El que se atreva a recitarlo públicamente debe ser consciente de que está manifestando que es un cristiano comprometido, in fiel seguidor de Jesucristo.
         Es lamentable que se haya perdido el respeto reverencial a recitar el Padre Nuestro y que lo recemos maquinalmente y sin más ni más.
         El Padre Nuestro es una oración de la Iglesia, que la comunidad de hermanos dirige a Dios y que nos compromete a luchar por un mundo nuevo, en el que todos los seres humanos constituyan la gran familia solidaria que tiene a Dios por Padre.

Francisco Pellicer Valero



viernes, 23 de mayo de 2014

LA ORACION DEL PADRE NUESTRO (II)

LA ORACION DEL PADRE NUESTRO (II)



III.- IMPLICA UNA REALIDAD CONFLICTIVA

La realidad implicada en el Padre Nuestro no se presenta de color de rosa, sino extremadamente conflictiva.
         En ella chocan el reinado de Dios y el reinado de Satanás;
         - En la boca de los hombres hay blasfemias y por eso es preciso santificar el nombre de Dios;
- En el mundo imperan toda suerte de maldades que exasperan el ansia por la venida del reinado de Dios, que es de justicia, de amor y de paz;
         - La voluntad de Dios es desobedecida, e importa realizarla en nuestras obras;
         - Pedimos el pan necesario porque muchos, por el contrario, no lo tienen;
         - Imploramos que Dios nos perdone todas las faltas contra la fraternidad humana porque, si no, somos incapaces de perdonar a quien nos ha ofendido;
         - Gritamos que nos libre del mal porque, de lo contrario, apostatamos definitivamente;
         Pero a pesar de esta densa conflictividad, la oración del señor está transida de un aura de confianza alegre y de sereno abandono, porque de todo ese contenido hace objeto de encuentro con el Padre.

         IV.- EL ORDEN DE LAS PETICIONES

         El orden de las peticiones del Padre Nuestro no es arbitrario: se empieza por las que se refieren a Dios y sólo después se pasa a las que atañen al hombre, porque a partir de Dios, de su óptica, de ver las cosas como Él las ve, es como podemos preocuparnos de nuestras necesidades. Y en medio de nuestras miserias es desde donde debemos preocuparnos de Dios.
         Toda verdadera liberación, en perspectiva cristiana, arranca de un profundo encuentro con Dios que nos lanza a la acción comprometida. Y al mismo tiempo, todo compromiso radical con la justicia y el amor a los hermanos nos remite a Dios como justicia verdadera y amor supremo. Todo proceso de liberación que no llegue a dar con el motor último de toda actividad, hace que Dios no logre su intento y no alcanza la integridad. En el Padre Nuestro encontramos esta feliz relación. No sin razón la esencia del mensaje de Jesús –el Padre Nuestro- ha sido formulado no en una doctrina sino en una oración.

V.- LA ORACION POR EXCELENCIA

         Dice San Juan de la Cruz que Jesucristo sólo enseñó aquellas siete peticiones del Padre Nuestro, en que se incluyen todas nuestras necesidades espirituales y temporales. En estas peticiones se encierra todo lo que es voluntad de Dios y todo lo que nos conviene.
         Para San Agustín no existe más oración que el Padre Nuestro. Y si Jesús es la única persona en la que creen los cristianos, el Padre Nuestro contiene toda la práctica de la fe: "No orarás si no dices esta oración; si empleas otra, Dios no te oirá, puesto que no te la dicta el Legislador a quien envió. Luego es necesario que, cuando oramos, oremos conforme a esta oración... Si no oráis, no tendréis esperanza. Si oráis de distinto modo que enseñó el Maestro, no seréis oídos. Si mentís en la oración, no suplicáis. Luego se ha de orar y se ha de decir la verdad, y ha de orarse como Dios nos enseñó. (Luis Nos Muro: "La oración del Padre Nuestro según San Agustín", págs. 17-18).
         El padre Nuestro es, en efecto la oración por excelencia, la oración modélica, la más hermosa y profunda de la historia, LA ORACION, la única que puede escribirse con mayúscula y llevar el artículo por delante. Porque es el modo como hay que orar. Las demás oraciones, en tanto son válidas, en cuanto tengan como punto de referencia al Padre Nuestro (Martín Nieto: "El Padre Nuestro", pág. 26).

         VI.- ORACION DINAMICA.

         El Padre Nuestro no es un monumento arqueológico, una oración estática y muerta, sino un monumento en construcción, una oración viva, dinámica, en continuo desarrollo y crecimiento, hasta alcanzar la perfección final.
         Es la oración de todos los tiempos, pero puede y debe ser cada vez mejor comprendida a la luz del Espíritu Santo que nos revela la plenitud de la verdad cristiana. El padre Nuestro debe ser recitado y vivido en las diversas circunstancias históricas en las que el hombre se encuentra inmerso. Este dinamismo que lo informa, exige que sea interpretado a la luz del momento histórico presente. Cada día tiene su afán y cada día aparecen nuevos problemas que hay que superar y nuevos peligros de los que pedimos a Dios que nos libre.

Francisco Pellicer Valero

Foto: Mª del Carmen Feliu Aguilella

viernes, 16 de mayo de 2014

LA ORACION DEL PADRE NUESTRO (I)

LA ORACION DEL PADRE NUESTRO (I)



I. EL TEXTO

                El Padre Nuestro (PN) aparece dos veces, en Mateo y en Lucas, de manera diferente

Mt 6, 9-13

Lc 11, 2-4
padre nuestro
que estás en los cielos
padre
santificado sea tu nombre
santificado sea tu nombre
hágase tu voluntad
como en el cielo
también en la tierra

el pan nuestro que necesitamos
dánosle hoy
el pan nuestro que necesitamos
dánoslo cada día
perdónanos nuestras deudas
como también nosotros
hemos perdonado a nuestros deudores
perdónanos NUESTROS pecados
ya que también nosotros
PERDONAMOS
a todo el que nos debe
no nos metas en tentación
no nos metas en tentación
más líbranos del mal




         En las dos redacciones hay coincidencias plenas: primera y segundas petición. Hay diferencias de matiz: en la cuarta petición: Mateo dice "hoy" y Lucas "cada día"; en la quinta petición, Mateo dice "deudas" y "deudores" y Lucas escribe "pecados" y "todo lo que nos debe"; Mateo dice "hemos perdonado" y Lucas "perdónanos". Hay también diferencias substanciales: La tercera y la séptima petición de Mateo son omitidas por Lucas. Además, la invocación de Lucas se limita al nombre "Padre" mientras que añade Mateo "Nuestro, que estás en los cielos".

         Se ha escrito mucho sobre la diferencia de estos dos textos. Veamos lo que dice le prestigioso exegeta Joaquín Jeremías: "Por lo que se refiere a las divergencias de las dos versiones que hallamos en Mateo y Lucas, el resultado de nuestra investigación es que no se derivan de intervenciones de los evangelistas, sino que tenemos ante nosotros dos versiones de dos iglesias diferentes: la judeocristiana de Mateo y la paganocristiana de Lucas; la primera se dirige a penosas que han aprendido a orar, pero cuya oración corre peligro; la segundas, a personas que todavía han de aprender a orar como es debido" (J. Jeremías,. "Teol. Nuevo Testamento").

         Respecto a cuál de los dos textos es más antiguo, escribe el mismo autor: "Según todo lo que sabemos sobre las leyes que rigen en materia de transmisión de textos litúrgicos, cuando se presentan casos como este, donde la redacción más breve se halla íntegramente contenida en la más amplia, debe considerarse la corta como redacción original" (J. Jeremías: Abba, pág. 221).

         Sobre estas dos versiones de la oración del Padre Nuestro, el P. Alonso Díaz opina que Jesucristo no quiso dictar una fórmula inmutable de oración, sino decirnos cuál debe ser el espíritu con que debemos hacer nuestras peticiones: espíritu filial que busca ante todo la gloria de Dios (Teología del Padre Nuestro, p. 34).

         II.- PARTES DE QUE CONSTA.- En la oración del Señor encontramos prácticamente la correcta relación entre Dios y el hombre, el cielo y la tierra, lo religioso y lo social, manteniendo la unidad en el único proceso.

         La primera parte consta de tres peticiones y se refiere ala causa de Dios; la segundas tiene cuatro peticiones y habla de los intereses de los hombres. El Padre Nuestro sería la oración de los derechos divinos y los derechos humanos: por una parte, Dios tiene derecho a que su nombre santo sea respetado y glorificado, a que su reinado sea realidad en el mundo y a que se cumpla su voluntad; por otra parte, el hombre tiene derecho al pan necesario, al perdón indispensable, a la ayuda en el peligro y a ser librado del mal. Así se expresa Leonardo Boff (El Padre Nuestro, pág. 12).

         Sobre esto –afirma Martín Nieto en "Padre Nuestro", pág. 22- hay que decir lo siguiente: El hombre, ante Dios, no pude hablar de derechos. Todo lo que podemos pedir a Dios, todo lo que Dios nos da, es un don, todo es gracia, fruto del Amor misericordioso de Dios. En el Padre Nuestro distinguimos, en efectos, dos partes, pero en ellas no podemos ver un paralelo con las tablas de la Ley de Dios: la que se refiere a Dios y la que se relaciona con los hombres. Creo, sigue diciendo Martín Nieto, que tanto en la primera parte como en la segunda, se consideran sólo los intereses del hombre. Las siete peticiones nos sitúan en el plano humano y se refieren a las necesidades humanas. Es el hombre el que tiene necesidad de que el nombre de Dios sea santificado, de que el reinado de Dios sea una realidad, de que Dios cumpla su voluntad, su proyecto de salvación del mundo. Ninguna de las siete peticiones considera los intereses de Dios, su proyecto de salvación del mundo. ninguna de las siete peticiones considera los intereses de Dios. Dios no tiene necesidad alguna de que el hombre se gafa defensor de sus derechos.

Francisco Pellicer Valero